Columnistas

El voto útil (opositor)

El domingo, al votante opositor  le conviene enfriar la cabeza y pensar claro

La Razón / Óscar Díaz Arnau

01:10 / 12 de diciembre de 2011

El domingo, el pueblo de Sucre tiene la gran responsabilidad de elegir entre dos opciones: la continuidad del MAS en la Alcaldía, legitimando una gestión muy criticada desde el inicio —Verónica Berríos accedió a su cargo luego de una sospechosa decisión de la justicia—, o la ratificación de su calidad de opositor, férreamente defendida en las urnas e incluso en las calles —recuérdense los hechos de La Calancha.

Sobre la alternativa oficialista no hay mucho que discutir; se trata de un voto más bien duro, prácticamente definido, que podría rondar el 30%. En la oposición, sí; el resto de la torta (70%) está en disputa y una fracción corta pero apetecible del electorado (entre 15 y 25%) decidiría su voto a último momento.

En general, los votantes con tendencia opositora esperaron pacientemente que se les ofreciera una candidatura única o bien propuestas interesantes, capaces de hacerles inclinar la balanza hacia alguna de las cinco alternativas no masistas.

Al respecto, en las últimas horas ha vuelto el rumor de una probable candidatura, si no de unidad plena, al menos lo suficientemente fuerte como para torcerle el brazo al MAS. Esto luego de que, en el tramo final de la campaña, un par de encuestas apenas visibles debido a las restricciones del Tribunal Electoral —una de ellas publicada en Cambio, el periódico del Gobierno— marcaban la tendencia de Iván Arciénega (MAS) y Jaime Hurtado (UN-PAÍS) en los primeros lugares de la intención de voto.

La polarización se confirmaba con la venia del propio MAS, que hizo circular un volante en ese sentido, más el hecho objetivo del único programa de televisión que se atrevió a convocar a un debate excluyente invitando a aquellos candidatos, bajo la lógica de que ambos se habían despegado del resto en las encuestas conocidas.

Lamentablemente para el electorado que quiere enterarse de su propuesta, Arciénega —al que alguno de sus oponentes calificó de “fantasma”— rehúye el debate y evita cualquier entrevista que pudiera recordarle tanto su ambivalente pasado como su actual bipolaridad de masista recalcitrante dentro de casa y “soy solo un invitado” fuera de ella.

Pase lo que pase en estas horas, a menos de una semana del día “D”, las cartas de la baraja política están echadas. Se acaba el tiempo para meditar el voto y, sobre todo al votante opositor (al que tiene conflicto y al que no), le conviene enfriar la cabeza y pensar claro:

1) A esta altura de la campaña, la porción del electorado no masista (entre 50 y 70%) haría mal en dejarse llevar por simpatías y antipatías. Esta, además de no ser una elección fácil para nadie, es una elección especial y la causa común de aquel segmento (doblegar al MAS) requiere de un voto útil.

2) Para ser útil, es decir no terminar favoreciendo al MAS, el grueso del voto opositor (acerca del oficialista, dicho está, no hay mucho que opinar) tendrá que concentrarse en un solo candidato, con lo cual los restantes aspirantes deberán obtener un apoyo marginal.

3) Solamente en tales condiciones, no dispersando el voto, Sucre refrendaría su estado coyuntural de ciudad opositora y el MAS caería vencido, de nuevo, como en 2010, sin atenuantes.

Ya sin espacio para incertidumbres, dubitaciones y alternativas, una vez hecho bien el trabajo que hasta la tarde de ayer los políticos habían hecho mal; en otras palabras, cuando haya cumplido la dificultosa misión de encontrar la unidad o, al menos, una candidatura con la suficiencia necesaria para derrotar al MAS, el opositor útil podrá sentarse a esperar que la inercia de la polarización haga lo suyo y así llegar al 18 con chances ciertas de ganar.

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