Columnistas

El voto

La Razón / Julieta Paredes

00:00 / 21 de octubre de 2012

El pueblo venezolano nos proporcionó un espacio cálido para la reflexión y la admiración. Sus últimas elecciones presidenciales generaron gran expectativa a nivel mundial, tanto entre grupos de derecha que tenían afiladas sus ganas de cantar victoria, y empezar en el continente un proceso para captar los espacios abiertos por las luchas de los pueblos; como también entre los pueblos del continente, que presenciamos el lento camino hacia la consolidación de nuestros sueños de sociedad.

Estuve presente en Caracas, mirando con ojos de aymara, feminista comunitaria, las elecciones presidenciales. Yo soy de las que no se traga así nomás las cosas; mucho menos la propaganda electoral (dicho sea de paso bastante extendida en las paredes, especialmente la del socialismo del siglo XXI), pero ya sabemos que la pared y el papel aguantan todo. En el aeropuerto pregunté a mis simpáticas acompañantes cómo iba el proceso de Venezuela para las mujeres; la respuesta fue que Chávez es feminista. Con el cansancio que traía luego de diez horas de viaje no tuve fuerzas para profundizar las preguntas. Pero por lo menos en Venezuela la palabra feminismo es respetada; a diferencia de lo que ocurre con algunos hermanos bolivianos que hablan de despatriarcalización, pero se declaran antifeministas, cuando fue el feminismo quien parió el concepto de despatriarcalización, si seránnn.

El domingo 7, desde las seis de la mañana, empezó para nosotras el trajín electoral. Cuando fuimos a los centros de votación ya había largas colas, muchas mujeres con sus wawitas, sus banquitos, sus sanguchitos. ¡Parece que les van a dar algo!, pensé, porque por lo menos en Bolivia cuando hay elecciones la gente llega retarde. Hablando con las mujeres de las colas, algunas me dijeron que estaban ahí desde las dos de la madrugada ¡Wauu, cómo es eso! Pero mucho más subió mi asombro cuando me dijeron que no es obligatorio votar, y que no hay ningún castigo.

El transporte era relativamente normal, los negocios estaban abiertos, y un sol bien rico nos guiñaba el ojo, heladitos en la esquina, unas arepas en otra tiendita... y la gente haciendo fila para votar, las colas avanzaban y así, poco a poco, hasta las diez de la noche la voluntad del pueblo volvió a poner a Chávez en la presidencia. Yo, la verdad, me cuestioné, porque creo que la democracia en Bolivia y en el mundo es una mamada. Pero viendo al pueblo venezolano, he comenzado una reflexión que me conduce a pensar en la necesidad de desprender el voto popular de la democracia, ya que es un instrumento de la burguesía liberal y neoliberal. Cuando estamos hablando de autonomías, de referéndum, de estatutos y cartas orgánicas, hablamos de cómo caminar hacia las formas de respetar las diferencias y de decidir en unidades territoriales, pero manteniendo el sentido de este territorio que nos hermana, llamado Bolivia.

Por tanto tenemos que tener formas de expresar nuestras decisiones, y una de esas es el voto. Pero el voto no es lo mismo que la democracia; la democracia se sirve del voto, lo manipula y lo tuerce a favor de los privilegios de unos cuantos. A veces a la democracia le sirve una simple mayoría, o incluso un solo voto para decidir vidas; otras exigen dos tercios. Todo depende de mañudear con la voluntad de los pueblos. Bueno, tremenda lección que nos dieron las venezolanas y venezolanos.

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