Columnistas

La voz del ciudadano

‘Lo primero que debe buscar una ciudad  es enamorar a su ciudadanía’ (Pericles, Grecia, siglo V a. C.)

La Razón / Patricia Vargas

01:16 / 14 de noviembre de 2013

La ciudad diariamente está abierta a nuestra mirada, y por ende a la percepción de realidades diversas que no sólo se entrecruzan sus historias, sino que en muchos casos se entrelazan con la voz del ciudadano. Esta comunicación esclarece de forma directa ciertas situaciones, pero puede perturbar la detección de otras tantas visibilidades singulares. Esto porque esas voces dejan de ser objetivas si están dirigidas por intereses partidarios.

La voz del ciudadano ha sido escuchada en la urbe desde la Grecia antigua y fue justamente en el espacio público que se la practicó dentro de la pluralidad de sus actividades. Allí, en el ágora, en su primera etapa, ninguna voz dominaba al conjunto, una cualidad que logró convertir a ese espacio en un lugar de todos, por tanto, el más democrático de la historia de la ciudad. De igual manera, el teatro fue el segundo lugar pensado como espacio del hablar, donde la voz individual se constituyó en parte de una obra de arte. Ambos ejemplos sirvieron: el uno, para escuchar la voz del pueblo, y el otro, para acercarse a sus sueños e ideales. Posteriormente, ese ágora desplazó esas experiencias comunicacionales a nuevos espacios destinados para aquello.

En La Paz, desde hace más de seis décadas, la ciudadanía ha encontrado varios caminos para expresar sus alegrías, necesidades, decepciones y descontentos. Sin embargo, la población (por demás vital) no siempre ha regulado la temperatura de sus expresiones y menos ha permitido minimizar sus anhelos. Y los ejemplos de ello es que algunas actividades están repletas de algarabía, y otras, cargadas de protesta. Estas últimas a veces se desbordan y caracterizan por una extrema violencia. Ambas, empero, no están exentas de verdades irrefutables.

Como resultado de aquello aparecieron distintas formas de protesta, como las marchas, que aún tienen regularidad en esta urbe. También nacieron las huelgas de hambre, cuya voz silenciosa logró importantes cambios sociales; además, surgieron y se consolidaron las grandes concentraciones. Actualmente, estas medidas de presión se encuentran prácticamente rezagadas en busca de nuevos lugares que sustituyan a la otrora plaza de San Francisco, cuyo sentido de expresión social masivo logró concentrar a algunos cientos de miles de ciudadanos.

Hoy, esa voz de la ciudadanía se la encuentra en las juntas vecinales, nuevos grupos bien organizados que en 2008 expresaron su desacuerdo en defensa de “la sede no se mueve”, en una cantidad que rebasó el millón de ciudadanos. Y fue en los últimos días que precisamente algunas de esas organizaciones levantaron vuelo propio y por primera vez expresaron de forma independiente su malestar ante la desafortunada declaración sobre la reapertura del tema de la capitalidad. Sin duda, esas palabras reavivaron hechos pasados.

La sabiduría del ayer muchas veces retorna en lugares y momentos inimaginables, en los que la recuperación de la voz de la ciudadanía es importante y necesaria, como es el caso de la defensa de los intereses de La Paz. Una fuerza indiscutible del presente que rememora pensamientos como el de Pericles (Grecia, siglo V a. C.), quien afirmaba que lo primero que debe buscar una ciudad es enamorar a su ciudadanía.

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