Columnistas

La vuelta a los orígenes

El verdadero ganador de la primera vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil ha sido Lula.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Ángel Bastenier

01:33 / 12 de octubre de 2014

Después de un paseo algo banal durante la campaña por originalidades diversas, el votante de las presidenciales brasileñas se ha comportado en primera vuelta con arreglo al más estricto clasicismo. Centroizquierda contra centroderecha; la vuelta definitiva se celebrará el 26 de octubre entre la presidenta Dilma Rousseff, hija putativa del expresidente Lula, y Aécio Neves, de magnífico pedigrí liberal conservador.

Las ambigüedades de la tercera clasificada, Marina Silva, son posiblemente las que la han derrotado. Se presentaba como candidata del partido socialista pero no era militante del mismo, sino que, habiéndose formado en el PT de Lula y Rousseff, lo dejó para fundar una Red de Sostenibilidad que no fue homologada electoralmente, razón por la cual, accidente de aviación mediante del aspirante designado, Eduardo Campos, se vio catapultada a la candidatura; estuvo a punto de hacerse novicia católica, y, convertida al credo evangélico, se ha distinguido por su bibliofagia, unas Sagradas Escrituras que, por propia declaración, consulta con frecuencia; ha sido capaz de cambiar de opinión durante la campaña para dejar de apoyar los derechos de los homosexuales y, en general, acompasarse a su base evangélica francamente conservadora.

Y todo ello importa porque en segunda vuelta el reparto de sus 20 millones de votos puede decidir la presidencia; un 21% de sufragios que podría asimilarse a casi idéntico porcentaje de evangélicos, que el 26 tendrán que optar entre la agnóstica Rousseff, aunque bautizada católica, y el más convencionalmente religioso Neves. Si las clases medias son las que inclinan de uno u otro lado las elecciones en potencias emergentes como Brasil, los ocho puntos (41 a 33) que Rousseff le sacó a Neves podrían apretarse considerablemente en segunda vuelta, porque tanto la mesocracia instalada como advenediza es probable que valore preferentemente el gran mantra universal, el cambio, Muda Brasil (Cambia Brasil), decía el aspirante, en tanto que la franja más modesta de la sociedad puede seguir vinculada al lulismo, especialmente porque el voto es obligatorio.

El verdadero ganador de la primera vuelta ha sido, sin embargo, Lula, quien, aunque hasta el domingo lo había tenido fácil porque tanto Rousseff como Silva se criaron a sus pechos, en segunda vuelta tiene una prueba más dura que superar: el enfrentamiento por poderes con la otra gran figura de la política brasileña de los últimos 20 años, Fernando Henrique Cardoso, que es quien aparece en el aura de Aécio Neves como hacedor de reyes. El líder socialdemócrata, y no otra cosa fue el propio Luiz Inácio Lula da Silva, se distinguió como el primer gran renovador de la sociedad y la economía brasileñas, y con su victoria en las elecciones de 1994 y 1998 hizo esperar a Lula a 2002, ya sin su gran rival enfrente, para alcanzar la presidencia y repetir victoria en 2006. Con el triunfo de su discípula en 2010 y la que puede producirse este año, ambos productos de la verticalidad de las maquinarias electorales sobre la horizontalidad de las redes sociales, que efímeramente auparon a la candidata socialista, se contarían 16 años de gobernación del PT; así seguiría pendiente, como en gran parte de América Latina, una asignatura llamada alternancia.

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