Editorial

Abismo financiero

Se trata de una medida que deja impunes a los que generaron el descalabro económico

La Razón / Editorial

01:54 / 30 de marzo de 2013

Después de cinco años de la crisis financiera de 2008, originada en EEUU, aún se sienten sus réplicas en diferentes latitudes y economías del mundo. Hoy la noticia es Chipre, un pequeño país ubicado en una isla del mar Mediterráneo que se encuentra al borde del abismo financiero, pidiendo un rescate de 10 mil millones de euros a los miembros de la Comunidad Europea.

En esta crisis nuevamente ha quedado comprometida la fortaleza y cohesión de las economías en los países de la eurozona, y se ha puesto en evidencia que, poco a poco, la consistencia de sus políticas fiscales, monetarias y financieras se va diluyendo con fuertes implicancias sociales, traducidas en desempleo y el descontento de la población. En este caso, la irresponsabilidad por el despilfarro de los recursos económicos no será asumida por los contribuyentes con mayores impuestos o reducciones de gasto público, sino por aquellos que tienen depositados sus ahorros en los bancos chipriotas. Se trata de una medida innovadora, que deja impunes a los que propiciaron tal descalabro económico.

Esta medida, compuesta por un impuesto a los depósitos mayores a los 100 mil euros ($us 126 mil), además de un corralito (restricción al retiro de fondos), es una cuasi confiscación de los ahorros. Además, independientemente de cuál sea el origen o el monto del dinero depositado, representa un precedente para que, en casos similares, las autoridades monetarias del mundo puedan proponer y aplicar medidas análogas.

Dos elementos se pueden rescatar para el análisis, el primero está asociado con la identificación de los verdaderos responsables que originaron tales desbalances a nivel global; y el segundo, con la necesidad de generar mecanismos de contención que eviten “contagios” en otras economías que no pertenecen a la UE. Respecto al primer elemento, está claro que no se han identificado a los especuladores que aún se encuentran camuflados dentro de las redes globales financieras, y que cada día van incrementando sus fortunas en desmedro de millones, que van perdiendo sus trabajos y oportunidades de estabilidad en el tiempo.

Es también evidente que no se tiene un mecanismo de protección global frente a este dominó de caídas económicas. Cada instante surge la pregunta: qué país será el siguiente. Por el momento, la lista comienza con Estados Unidos, cuya recuperación sigue siendo una incógnita; le siguen Italia, España y Portugal, con recesiones económicas pronunciadas y desempleo persistente; y —por supuesto— Grecia, cuya situación es la más precaria.

Las lecciones aprendidas de esta situación debieran encaminar a los hacedores de política económica a tomar medidas que mitiguen posibles contagios, y por supuesto a reprender a quienes originan las crisis que tanta pérdida económica y social crean.

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