Editorial

Abominable violencia

El caso que se comenta tiene aspectos que lo hacen particularmente abominable

La Razón / Editorial

00:00 / 16 de junio de 2013

Días atrás, un coronel de la Policía propinó una brutal paliza a una adolescente en plena vía pública. El caso, que como cualquier otro de esa naturaleza ha merecido espacios breves en los medios de comunicación, ha tenido una repercusión inversamente proporcional al tamaño de la cobertura, y está bien que así sea, pues no debe quedar en la impunidad.

En efecto, el caso que se comenta tiene varios aspectos que lo hacen particularmente abominable, pues si cualquier acto de violencia contra una mujer es de suyo condenable, este acto se ve agravado por el hecho de que la víctima es una menor de edad. Además, porque el agresor, un alto oficial de la Policía, estaba ebrio cuando cometió el delito que se le imputa, lo hizo en plena vía pública y, para rematar, en su defensa el golpeador de mujeres afirmó que “confundió” a la niña con su amante, a quien deseaba castigar por supuesta infidelidad.

De hecho, sólo este último dato alcanza para el escándalo, puesto que si bien es normal que alguien confunda a una persona por otra, resulta sorprendente que hubiera equivocado la identidad de aquella con quien comparte una relación sentimental; lo cual lleva además a dos inferencias: que la supuesta amante también es una adolescente, y que este hombre valora tan poco a su pareja sentimental como para no reconocerla a simple vista.

De acuerdo con el relato que se conoció a través de los medios, la menor estaba con su uniforme escolar y cargaba su mochila cerca de las oficinas de la empresa eléctrica de Tarija (Setar), cuando el oficial de Policía la agarró, la arrastró por el piso y la pateó en el suelo, reclamándole por qué salía con otro hombre, en medio de los gritos de la víctima; la menor quedó en estado de shock, al extremo de que no podía reconocer ni a sus familiares.

El agresor fue detenido e inmediatamente, y luego fue llevado ante un juez de medidas cautelares, quien dispuso su arresto preventivo en el penal de Morros Blancos, imputado por los delitos de lesiones graves, gravísimas y tentativa de homicidio. Por su parte, al enterarse de la noticia, el Viceministro de Régimen Interior y Policía demandó al Comandante de la institución del orden que el oficial sea dado de baja y que reciba una sanción equivalente a la gravedad de sus actos.

El caso es, pues, muestra de que la sociedad tiene una enfermedad muy grave, ya que desafortunadamente estos actos de violencia no son aislados, sino todo lo contrario. Afortunadamente, también hay razones para albergar la esperanza de que esta enfermedad social será erradicada, por la indignación que ha causado muestra que la tolerancia es cada vez menor. Ahora corresponde hacer seguimiento al caso, no sólo para ver al golpeador de mujeres siendo castigado como merece, sino también para saber si la Ley Integral contra la violencia es o no efectiva.

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