Editorial

Acoso político

Juana Quispe fue sistemáticamente acosada para no ejercer su cargo de concejal

La Razón / La Paz

02:29 / 17 de abril de 2012

El 13 de marzo de 2012 se encontró el cuerpo sin vida de Juana Quispe Apaza, concejala del Gobierno Municipal de Ancoraimes, a orillas del río paceño Orkojahuira, con signos de estrangulamiento. Si bien hasta ahora no se ha identificado a los responsables de este asesinato, se presume que detrás pueden existir móviles políticos, vinculados con la violencia de género.

Esta hipótesis surge porque Quispe no sólo sufrió constantes abusos físicos y verbales por parte de sus colegas, sino que además fue amenazada en reiteradas oportunidades por defender su derecho a ejercer un cargo político. De hecho, las agresiones en su contra se iniciaron desde la primera sesión del Concejo, el 31 de mayo de 2010, cuando un grupo de campesinos se parapetó en el municipio para exigir su renuncia. La razón para esta primera rueda de amedrentamientos fue ser parte de una agrupación opositora al MAS, encabezada por el exalcalde de Ancoraimes Froilán Mamani, hoy en la cárcel por denuncias de corrupción.

El presidente del Concejo, Pascual Cutili, y la vicepresidenta, Basilia Ramos, hicieron cumplir ese “mandato” del pueblo y decidieron suspender a Quispe, pese a que fue elegida gracias al voto de la gente. La concejala inició y ganó un amparo constitucional que instruyó la restitución de su cargo y el pago de sus salarios retenidos.

Empero, el nuevo alcalde, Félix Huanca, ordenó no pagar a la concejala, porque, dijo, se lo solicitaron autoridades del Concejo con el argumento de que no asistía a las sesiones. El burgomaestre fue demandado y estuvo retenido hasta que habilitó el pago de los salarios de su demandante. A 32 días de haber recuperado su derecho político, tras luchar cerca de dos años, Juana Quispe fue asesinada.

Una nota publicada ayer en este diario daba cuenta de algunas características de esta mujer. Huérfana de padres, desde muy pequeña se trasladó a la ciudad de La Paz, donde aprendió a luchar y sortear obstáculos junto a sus cuatro hermanas. Tal fue su entereza que llegó no sólo a superarse (era dueña de una fábrica de calzados), sino que gestionó varios proyectos para su pueblo natal, como un criadero de truchas.

Una de sus últimas batallas la emprendió en el campo político. A raíz de los abusos que experimentó y consciente de que no era la única víctima de este trato discriminatorio, promovió el proyecto de Ley contra el acoso y violencia política de género. En efecto, tan sólo en 2011, la Asociación de Concejalas de Bolivia recibió 160 denuncias de esta naturaleza. Sin embargo, muchas fueron retiradas o abandonadas, ante las amenazas de sus agresores o por falta de recursos.  Por ello, es de esperar que el asesinato de Juana Quispe no quede impune, y que su muerte sirva para darle fuerza a esa su lucha contra el extendido acoso político hacia las mujeres; una terrible lacra en el país que no suele recibir la atención que merece.

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