Editorial

‘Acto de terror’

La explosión, que pocos todavía se atreven a llamar atentado, deja una herida en EEUU

La Razón / La Paz

03:01 / 19 de abril de 2013

Si hay una opinión pública concienzudamente trabajada para ser temerosa y reactiva a los ataques a su seguridad es la estadounidense (a eso responde el esfuerzo de los medios de comunicación por relativizar el valor de los muertos, que se comentó ayer en esta página), por lo que es fácil imaginar la incertidumbre que ha provocado el atentado del lunes en Boston.

Seguramente abona a esa incertidumbre el hecho de que hasta ayer, pese a la tan publicitada eficiencia de los servicios de Inteligencia y de agencias policiales como el FBI, no se haya hecho ninguna afirmación respecto del posible origen de las bombas ni se conozca de grupo alguno que se haya atribuido el ataque. El propio Presidente de EEUU ha sido cauto en sus declaraciones públicas, diciendo, en la primera, que se desconoce quién o por qué hizo detonar dos artefactos explosivos cerca de la línea de meta de la tradicional maratón de Boston y, en la segunda, que la única certeza que se tiene es que fue “un acto de terror”.

Y ciertamente, por sus características y especialmente por el efecto producido en la sociedad, tanto en el ámbito de la opinión como —sobre todo— en el plano físico, es un acto claramente orientado a sembrar el terror en los habitualmente indiferentes habitantes de un país donde la violencia suele ser cotidiana en el cine y la televisión, pero no en las calles. “Lo que vemos es propio del teatro de guerra, con heridas similares a las que se registran en Irak o Afganistán”, ha declarado un médico que atiende a las víctimas en el hospital Massachusetts General.

Con un resultado de tres personas muertas, una de ellas un niño de apenas ocho años, y casi un centenar y medio de heridos (muchos de los cuales han perdido las extremidades inferiores, debido a que las bombas —que se presume fueron de fabricación casera— estaban diseñadas para causar el mayor daño posible), la explosión, que pocos todavía se atreven a llamar atentado, deja una herida en ese país y, lo que es peor, puede ser ocasión para que EEUU, de un modo u otro, ejercite sus medidas de “retaliación”, como sucedió luego de los atentados de septiembre de 2001.

No es casual, por eso, que el agente especial del FBI a cargo de la investigación afirmara de modo tajante que “esta investigación será a nivel mundial; llegaremos a los confines de la Tierra para encontrar al responsable o responsables de este despreciable crimen”.

Se inicia, pues, un nuevo momento en la historia contemporánea de EEUU, tras un “acto de terror” que hasta ahora tiene la condición de “significante flotante”, como se llama en las ciencias sociales a un evento o suceso cuyo significado no ha sido aclarado y puede ser interpretado de diversos modos. Es probable que no transcurra mucho tiempo hasta que nos enteremos si no qué pasó en Boston, sí qué pasará en otras partes del mundo.

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