Editorial

Acuerdo de mínimos

El documento final de la Cumbre de la Tierra aplaza los compromisos para el futuro

La Razón / La Paz

00:07 / 26 de junio de 2012

El viernes finalizó la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente. El documento que cerró el encuentro, titulado El futuro que queremos, manifiesta buenas intenciones pero deja, nuevamente, los compromisos para el futuro. Por este motivo, la Cumbre de la Tierra Río+20 ha sido calificada por no pocos ambientalistas y científicos como un fracaso.

En efecto, los que esperaban que este cónclave concluya con un cronograma que defina las estrategias a seguir para luchar contra la pobreza y salvar el medio ambiente se sintieron decepcionados. El documento que selló el encuentro no es más que un manifiesto que reafirma los principios formulados en la primera Cumbre de la Tierra, en 1992, (por ejemplo, que el desarrollo sostenible es una responsabilidad compartida por todos los países del planeta, pero diferenciada de acuerdo con su nivel de desarrollo); y agrega otros, como asumir que la erradicación de la pobreza es el mayor desafío global. Pero no asume compromisos financieros concretos y termina con metas ambiguas para construir una “economía verde”.

Incluso el fondo de 30 mil millones de dólares pactado en la cumbre de Copenhague (2009) para ayudar al desarrollo sostenible se quedó en el papel. Los países industrializados, que en los últimos meses han destinado más de un billón de dólares para salvar a sus bancos, prefirieron suspender este compromiso en favor del medio ambiente.

Desde un inicio, las diferentes perspectivas e intereses regionales trabaron cualquier consenso. De allí que los diplomáticos responsables de redactar el texto final prefirieron aplazar las decisiones y llenar unas páginas de buenas intenciones; calificadas como “vagas y poco ambiciosas” por los científicos y ambientalistas. Los más críticos, entre activistas y representantes de países emergentes, coincidieron en señalar que la cumbre fracasó a la hora de tratar los asuntos básicos de las injusticias internacionales y las reglas de comercio medioambientales destructivas.

Más allá de los errores cometidos o de las mezquindades exteriorizadas, queda ahora rescatar lo positivo de la cumbre, pero sobre todo no bajar los brazos ante la lucha por preservar el planeta. De ello depende que se pueda garantizar el derecho de las futuras generaciones a vivir bien, en un entorno saludable.

En esta línea, el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) afirmó que existen elementos del acuerdo que bien vale la pena rescatar y reforzar, pues constituyen un punto de partida para la defensa eficaz del medio ambiente, como la firma de los convenios sobre biodiversidad y cambio climático, las decisiones de crear un foro de alto nivel sobre desarrollo sostenible, así como la aprobación de la Agenda 21, un cronograma de diez años para cambiar el actual modelo insostenible de producción y consumo.

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