Editorial

Acuerdo de mínimos

Para salvar al planeta del calentamiento hace falta el compromiso de todos los países

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:39 / 16 de diciembre de 2014

El fin de semana finalizó en Lima la vigésima Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP20). El documento que cerró el encuentro, en el que participaron delegaciones de 196 Estados, obliga a los países a definir y presentar el próximo año sus compromisos “cuantificables” en reducción de gases de efecto invernadero (GEI) ante la ONU.

Para algunos, se trata de un acuerdo positivo, pues constituye una “buena hoja de ruta” que permite seguir trabajando en el acuerdo de Francia. Además, es la primera vez que los representantes gubernamentales reconocen en conjunto que, para salvar al planeta, hace falta el compromiso de todas las naciones, que deben luchar individualmente contra el cambio climático en la medida de sus capacidades y responsabilidades.

No obstante, para otros (particularmente para las organizaciones ambientalistas), este consenso de mínimos representa un fracaso, más aún si se toma en cuenta cuál era el principal objetivo de la cumbre de Lima: un borrador de un acuerdo mundial contra la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, que se supone debe suscribirse definitivamente dentro de un año.

En efecto, la COP20 era el paso previo antes de aprobar un nuevo acuerdo global para luchar contra el calentamiento, que tiene que incluir a todos y se tiene que concretar en la que debería ser la cumbre de las cumbres: París 2015. Y es que un fracaso en la Ciudad Luz pondría no solamente en entredicho la utilidad de la Convención Marco de Naciones Unidas contra el Cambio Climático, que nació en 1992, sino también y sobre todo supondría una espada de Damocles para las futuras generaciones, quienes deberán enfrentar las peores consecuencias de esta crisis ambiental gestada, según los expertos, desde la revolución industrial.

Como ya se mencionó antes en este mismo espacio, los científicos coinciden en que si deseamos evitar impactos medioambientales catastróficos (degradación del 75% de la selva amazónica, la destrucción de ciudades costeras, propagación de plagas, sequías, inundaciones, incendios forestales, la extinción de glaciares y de millares de especies vegetales y animales...) la temperatura promedio del planeta no debería aumentar más de dos grados.

Empero, para lograr este objetivo se debe recortar la emisión de gases de efecto invernadero entre un 40% y 70% para 2050, y para finales de siglo deberían llegar a cero. Una meta que hoy por hoy parece inalcanzable, pues supone cambiar el sistema que sostiene el tipo de vida al que nos hemos acostumbrado, impulsado en la quema de combustibles fósiles, el consumo excesivo de carne, el derroche y la comodidad de los productos plásticos. Por el bien de nuestros nietos y de las futuras generaciones, es de esperar que estemos a la altura de tremendo desafío.  

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