Editorial

Acuerdo nuclear

Este acuerdo permite frenar la expansión de las armas nucleares en Medio Oriente.

La Razón (Edición Impresa)

00:28 / 20 de julio de 2015

Después de dos años de negociaciones, el acuerdo alcanzado el martes en Viena entre Irán y las seis grandes potencias mundiales (EEUU, China, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania) abre las puertas para eliminar la amenaza atómica en una región sacudida por la violencia fundamentalista; acercamiento que además podría cambiar el paisaje geopolítico de Medio Oriente.

En efecto, como bien ha señalado el Presidente de EEUU, además de poner fin a 35 años de enfrentamiento entre Washington y Teherán, este acuerdo permite frenar la expansión de las armas nucleares en una de las zonas más inestables y conflictivas del planeta, a tiempo de abrir “la oportunidad de avanzar en una nueva dirección” en favor de la paz, que no debería ser desaprovechada.

Para consolidar este pacto, Irán ha aceptado no producir uranio altamente enriquecido durante los próximos 15 años, insumo necesario para el uso militar. Además se compromete a deshacerse del 98% del material nuclear que posee, eliminar dos tercios de las centrifugadoras que tiene instaladas y garantizar el acceso a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica de sus instalaciones de enriquecimiento de uranio para que puedan corroborar la implementación del acuerdo.

A cambio de estas concesiones, el país persa podrá librarse, aunque con algunas limitaciones, de las sanciones internacionales y multilaterales que actualmente ahogan sus finanzas. Alivio que sin duda repercutirá positivamente en su economía y permitirá ampliar su influencia en la región; amén de dar un primer paso para dejar de ser un Estado paria. Algo que naturalmente preocupa mucho a sus detractores políticos y religiosos de Medio Oriente, en especial a Israel, Arabia Saudí y las monarquías suníes, que ven a Irán como la principal amenaza para su supervivencia como Estados.

De allí que para poder consolidar este necesario acuerdo, el Mandatario estadounidense tendrá que librar una dura batalla desde distintos flancos, siendo el más duro el lobby israelita encarnado por los congresistas republicanos, quienes no terminan de entender que las otras opciones a este convenio son el tener que tolerar a un Irán con armas atómicas o la guerra, escenario este último que sin duda sería el peor de todos.

A su vez, el presidente persa, Hassan Rouhani, deberá luchar ahora contra los ultraconservadores y la Guardia Revolucionaria iraní, que son los únicos sectores que se benefician con las sanciones, pues se han convertido en la única vía para el comercio y el contrabando.

En cualquier caso es de esperar que tanto Obama como Rouhani estén a la altura de este gran desafío, el único capaz de ahuyentar la amenaza de la bomba nuclear en Oriente Medio, equiparable a la reconciliación entre Estados Unidos y China alcanzada en 1972.

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