Editorial

Albañilas

Las mujeres albañiles se han organizado para combatir en principio la discriminación laboral.

La Razón (Edición Impresa)

02:50 / 12 de febrero de 2015

Según el diccionario, la palabra albañil no tiene forma femenina, sin embargo, en la vida real sí. Meses atrás comentamos en este mismo espacio que las mujeres habían comenzado a incursionar en el oficio de constructoras, y que previsiblemente eran víctimas de discriminación. Por esa razón, ahora han comenzado a organizarse en un sindicato que las agrupe y defienda.

“Vayan a la cocina”, “¿no tienen algo que remendar?, “vayan a dar leche a sus hijos”, “solo los hombres servimos para esto (construcción)” son algunos de los muchos insultos que afrontan cotidianamente las mujeres albañiles en sus fuentes laborales por parte de los varones del rubro. De ahí que la Asociación de Mujeres Constructoras (Asomuc) de La Paz se haya constituido con los objetivos de “ir contra la discriminación que sufre la mujer en este rubro, vamos a recoger y atender las denuncias que lleguen y hacer respetar las leyes”, según explicó la Secretaria General de la organización sindical.

No es solo la discriminación expresada en comentarios derogatorios, pues  han aprendido a afrontarla con ingenio y buen humor: una de ellas cuenta que cuando le dijeron que por qué no se iba a su casa a cocinar, les respondió que no lo hacía porque tenía que trabajar. Es la discriminación laboral la que en primer lugar quieren combatir.

En efecto, un varón dedicado a labores de ayudante recibe un jornal de Bs 100 al día; una mujer, por el mismo puesto y carga de trabajo recibe Bs 80. Hasta ahora, sin importar si tienen o no experiencia, ellas no pueden acceder al nivel del maestro constructor, mucho menos al de contratista. Organizadas no solo podrán ofrecer un apoyo institucionalizado a las mujeres que se dedican a la construcción, también podrán mejorar su inserción laboral.

El tema es importante porque se trata de mujeres que no solo están rompiendo límites impuestos al influjo de una cultura patriarcal en franco retroceso: el hombre que provee alimento y techo al hogar y la mujer que administra la vida doméstica. Los testimonios recogidos por este diario entre albañilas muestran que es común en todas ellas la necesidad de proveer soporte económico a sus hogares y hacer estudiar a sus hijos e hijas. Esto es evidencia, además, de que todas ellas cumplen con la “doble jornada” que la sociedad carga sobre las mujeres trabajadoras, pues además de cumplir con la agotadora tarea de la construcción durante ocho o más horas, deben preparar el alimento de sus familias y hacerse cargo de las otras tareas domésticas.

Éstas son, pues, las verdaderas manifestaciones del proceso de despatriarcalización que algunos intelectuales del Gobierno reclaman para sí. Les corresponde a estos personajes apoyar a las mujeres constructoras, dotándoles de más y mejor apoyo, especialmente en materia de protección laboral. El resto lo conseguirán ellas por sus propios medios, como siempre.

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