Editorial

Alianzas electorales

¿Cómo van las alianzas en el actual proceso electoral?

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:00 / 05 de marzo de 2014

A medida que avanza el proceso para las elecciones de octubre y a la espera de la convocatoria que debe emitir el Tribunal Supremo Electoral (TSE) con el correspondiente calendario electoral, las diferentes organizaciones políticas alistan sus candidaturas y sus programas de gobierno. Están empeñadas también en construir diferentes alianzas con miras a los comicios.

¿Para qué generar pactos políticos con anterioridad a las elecciones? El supuesto es que dichos pactos se traducirán en una mayor fortaleza electoral y, por lo tanto, significan más votos. Implican también una señal de inclusión de actores diversos, tanto regionales como sectoriales; y constituyen importantes eventos de campaña: cada nueva alianza, de cara a los medios de comunicación, es un acto proselitista que busca motivar más adhesiones. Las alianzas, pues, son una necesidad electoral.

En el periodo de la llamada “democracia pactada” en el país, entre 1985 y 2003, si bien existían importantes alianzas electorales, la esencia radicaba en coaliciones multipartidistas postelectorales, tanto parlamentarias como de gobierno. Así ocurrió con los diferentes gobiernos desde Víctor Paz hasta la segunda gestión de Gonzalo Sánchez de Lozada. Se asumía que estas coaliciones, que sumaban mayorías oficialistas en el Congreso, garantizarían gobernabilidad. El modelo colapsó en octubre de 2003.

¿Cómo van las alianzas en el actual proceso electoral? Hay avances interesantes en tanto se conozca el calendario electoral y, en especial, se definan las candidaturas presidenciales y la negociación de las “franjas de seguridad” en las listas de asambleístas. Así, el MAS y sus candidatos a la nueva reelección ya fueron proclamados por los trabajadores petroleros, los mineros, los transportistas… Se trata de la reafirmación de alianzas corporativas con efectos y fines electorales.

La oposición, en tanto, que sabe de su debilidad y la amplia ventaja que, según las encuestas de intención de voto, tiene el candidato Evo Morales, insiste en “el camino de la unidad”. El mensaje declarado, con la insistencia de algunos medios de comunicación, es que separados su derrota es segura, en tanto que unidos (a la usanza de la experiencia venezolana) podría irles mejor. Así se entienden los constantes llamamientos del Frente Amplio y el reciente acercamiento entre el MSM y los Demócratas.

Mientras se va acercando el día de los comicios, todavía distante, y con incertidumbre sobre la posible unidad entre los tres principales candidatos opositores (Doria Medina, Costas y Del Granado), cada uno de ellos por su cuenta va operando algunas alianzas específicas. La última, unipersonal, fue la adhesión del indígena Rafael Quispe (exdirigente del Conamaq) al Frente Amplio. El dato preocupante es que no se habló de ningún acuerdo programático, sino de cuántas diputaciones exige Quispe para él y los suyos.

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