Editorial

Animales silvestres

El concebir a los animales silvestres como mascotas ocasiona muchos problemas

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

08:38 / 10 de julio de 2016

El refugio de animales Senda Verde se ha quedado sin espacio para albergar a toda la fauna que recibe y el hacinamiento ha comenzado a provocar problemas que afectan su calidad de vida. El caso muestra los problemas que causa el ser humano cuando trata de apropiarse de la vida silvestre en un afán coleccionista o, peor, de abuso de las especies animales.

Senda Verde es un centro privado de custodia de animales silvestres que han sido rescatados de viviendas urbanas o de las manos de traficantes de especies; tiene 13 hectáreas (distribuidas en cinco para los animales, una y media para cuarentena y el resto es llanura) donde viven actualmente 628 animales, entre monos, parabas, tortugas y hasta osos, en una superficie apta para 400, lo cual provoca hacinamiento.

De acuerdo con la explicación de uno de los fundadores del lugar, a los animales “el hacinamiento les está privando de la calidad de vida y hay peleas entre las mismas especies”. Esta situación ha obligado a separar a las especies, las parabas, por ejemplo, ahora viven en jaulas, igual que los monos, pues comenzaron a pelear con éstos por territorio. Algo similar pasa entre las tortugas, pues las más grandes aplastan a las pequeñas.

Para no agravar el hacinamiento, explica el citado miembro del centro, ya no debería recibirse más animales, y eso pasa, entre otros aspectos, por reglamentar los decomisos que se hacen en las viviendas urbanas, pues hay casos de animales que reciben buen cuidado y al ingresar a Senda Verde “ya no tienen ese bienestar”.

Así, el caso muestra los múltiples problemas que ocasiona la pasión humana por coleccionar animales silvestres o, peor, traficarlos para aprovechar partes de su cuerpo. Cuando no son casos de animales que sufren el cautiverio, a menudo en condiciones poco aptas, sea en viviendas particulares o en depósitos de traficantes, puede ocurrir lo contrario: por exceso de cuidados terminan por perder las habilidades que requieren para desenvolverse en su hábitat original.

Así, la buena voluntad de estas organizaciones termina chocando con la imposibilidad de ordenar la naturaleza, como no sea devolviéndole a las diferentes especies su hábitat, lo cual en muchos casos no es posible, ora por la amenaza de los cazadores y traficantes, ora por la destrucción del mismo por actividades extractivas o similares.

La solución no es simple. Como Senda Verde hay otros centros para albergar animales en transición hacia su libertad, todos privados, que subsisten gracias al turismo que atraen, lo que implica exhibir las especies, a veces en jaulas, otras en libertad, prolongando su innecesario contacto con el ser humano; pero sin ellos, la situación sería incluso más dramática. Urge, pues, revisar y poner en práctica el catálogo de derechos de la Madre Tierra y sus habitantes, desde el Estado hasta el último de los hogares donde se críen animales.

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