Editorial

Año de la quinua

El mundo ha comenzado a reconocer el extraordinario valor nutritivo de la quinua.

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 02 de diciembre de 2012

Con gran despliegue mediático, el Presidente del Estado ayer sembró quinua en su natal Isllavi, en Orinoca, Oruro. El gesto es parte de los esfuerzos para posicionar la quinua, primero, como un alimento ideal para la humanidad y, segundo, como un grano originario del área andina y a Bolivia como el principal productor. La quinua es más que un alimento de moda.

En efecto, Bolivia comparte la producción del grano con Perú y Ecuador, pero siembra y cosecha el 70% del total de quinua producida. Se reconoce que este cereal andino se cultiva desde tiempos preincaicos y, aunque tardíamente, en las últimas décadas ha comenzado a reconocerse su extraordinario valor nutritivo, además que ya es ingrediente de gran uso en la cocina gourmet, así como en la doméstica.

Según datos oficiales, Bolivia produce anualmente 48.500 toneladas de quinua en más de 95 mil hectáreas, de los que casi el 70% se dedican a la exportación, sobre todo a Estados Unidos y Europa, y el resto se destina a consumo local. El Gobierno actualmente busca abrir también los mercados de Asia. Por su parte, los productores reclaman por la falta de control en las fronteras que posibilita el contrabando de la mayor parte de la producción que, vía Perú, llega a los mercados mundiales.

Así, la creciente demanda, que previsiblemente será aún mayor durante 2013, Año Internacional de la Quinua en la Organización de Naciones Unidas, que designó a Evo Morales, embajador Especial de la Quinua para el Mundo, el cultivo del grano es una gran oportunidad de negocio, y así como corresponde al Estado favorecer su cultivo y facilitar su comercio, es deber de los sectores empresarial y, sobre todo, comunitario invertir los recursos necesarios para asegurar no sólo una mayor producción, sino también su sostenibilidad. La industrialización del grano es otra de las tareas urgentes, y su concreción es tarea para los tres agentes nombrados.

Por otra parte, la quinua es un asunto de geopolítica. Por un lado, interna, ya que su potencial, pese a que debiera inspirar la creación de mancomunidades productoras, provoca rencillas por límites, como la que existe entre municipios de Oruro y Potosí. Por el otro, la importancia del grano como alimento del futuro y su creciente mercado en el mundo no sólo provoca que otros países quieran tener parte del negocio, sino que también hubo intentos de patentar la quinua a nombre de empresas transnacionales. Aquí se habla entonces de soberanía, alimentaria y política.

Es, pues, tiempo de la quinua en Bolivia y en el mundo. No se puede impedir que otros países produzcan el grano, sobre todo considerando que se propone como solución al hambre en el mundo. Lo que corresponde es aprovechar el enorme impulso que tiene su producción y comercialización para ganar y conservar el liderazgo del país en esta materia. Es posible.

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