Editorial

Anuncio de las FARC

El anuncio puede significar un primer paso para alcanzar la paz en Colombia

La Razón

02:31 / 28 de febrero de 2012

El domingo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaron su decisión de acabar con “las retenciones de personas, hombres o mujeres de la población civil” que efectuaban con fines financieros, así como también liberar a los últimos diez uniformados que mantienen en condición de rehenes. Comunicado que está despertando grandes expectativas.

En efecto, si bien la inmensa mayoría de los colombianos prefiere tomar con cautela este pronunciamiento, pues esta organización ha hecho promesas similares en el pasado sin cumplirlas a cabalidad, el anuncio puede significar un primer paso para alcanzar la paz en Colombia, o al menos para dar pie a una mesa de negociación que la encamine.

El secuestro ha sido una de las fuentes económicas más recurrentes de ésta y de otras guerrillas, y la renuncia a esta práctica era una petición reiterada del Gobierno colombiano y la sociedad civil a los insurgentes. Por tanto, de eliminarse los secuestros y de confirmarse la devolución de los últimos rehenes, las FARC estarían realizando dos gestos trascendentales que no pueden pasar inadvertidos.

Al respecto, algunas voces escépticas advierten que, en realidad, el secuestro ha dejado de ser una fuente importante de dinero para ese grupo desde hace bastante tiempo, pues, además de generar un profundo rechazo entre la población, el narcotráfico ha resultado ser una opción mucho más atractiva; y que serían otros los motivos para abandonar esta práctica. No obstante, cualquier opción que permita a los rehenes reunirse pronto con sus seres queridos, luego de muchos años de angustia y dolor, no sólo debiera ser bienvenida sino también promovida.

Queda ahora en manos del Gobierno colombiano aprovechar este comunicado asumido por las FARC, y comprometer su palabra, de tal forma que no puedan dar marcha atrás. Ahora bien, un primer paso ha sido dado en este sentido al involucrar al Gobierno brasileño con la liberación de los últimos secuestrados, según confirmó el vicepresidente colombiano, Angelino Garzón. La propuesta de ofrecer al grupo guerrillero una tregua bilateral para que se concrete la anunciada liberación, formulada por la exsenadora Piedad Córdoba, se inscribe en esta misma línea. 

Por último, no se puede desdeñar la posibilidad de que, al fin, las FARC hayan comprendido que, lejos de convertirse en un medio de erradicar la opresión, abrazar la violencia como una herramienta de reivindicación sirve más bien para perpetuarla e incluso profundizarla. Y que ha llegado el momento de buscar un proceso de negociación que sustituya la violencia y la represión por el diálogo y el acuerdo, únicas vías para consolidar la paz tan ansiada en Colombia, desde que esa organización insurgente tomara las armas en 1964.

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