Editorial

Atropello de cebras

Aún resta mucho por trabajar para la construcción de una cultura ciudadana en las urbes del país.

La Razón (Edición Impresa)

00:04 / 25 de octubre de 2017

Según datos de la municipalidad de El Alto, al menos cinco educadores viales urbanos, mejor conocidos como cebras, son atropellados cada mes en esa urbe. En la mayoría de los casos se trata de golpes leves y fortuitos, pero también se han registrado atropellos intencionales que han derivado en fracturas y contusiones de distinta gravedad.

Por ejemplo, dos conductores fueron detenidos por provocar fracturas en las piernas de sendos funcionarios municipales y tuvieron que pagar el costo de su tratamiento. Asimismo, se registraron casos de cebras que sufrieron heridas y/o inflamaciones en los tendones por los golpes, y que tuvieron que recibir atención médica.

Y es que en la cabeza de algunos conductores no cabe la idea de que un funcionario edil disfrazado de un animal vulnere su “derecho” de arrinconar a los peatones, avanzar cuando el semáforo está en rojo, o estacionar en áreas prohibidas o reservadas para los transeúntes. Por otro lado, las cebras también han sido agredidas verbalmente por peatones que fueron amonestados por cruzar cuando el semáforo estaba en verde o por donde no correspondía.

A pesar de ello, siete de cada diez conductores al igual que ocho de cada diez transeúntes coinciden en que la labor de estos simpáticos personajes ha contribuido a mejorar sustancialmente el tráfico vehicular de la segunda ciudad más poblada del país, así como la circulación en las aceras.

Tal evaluación viene a cuenta tras dos años de la implementación de esta campaña educativa en la urbe alteña, y que ya antes tuvo muy buenos resultados en la sede de gobierno, donde fue creada en 2001 a instancias del Gobierno Municipal con el propósito de ordenar la ciudad, a partir de una “alternativa lúdica” con la que los ciudadanos puedan identificarse, en palabras de la concejala Kathia Salazar, su principal promotora.

De todas maneras aún resta mucho por trabajar para la construcción de una cultura ciudadana tanto en El Alto como en el resto de las ciudades del país. Pues lamentablemente aún son muchos los que consideran que acatar las normas es solamente para “burros”, e incluso miran con desdén a quienes cumplen con las medidas y señales de tránsito.

De allí la importancia de apoyar proyectos como el que motiva este comentario, y de sancionar a quienes atentan contra la salud y la integridad de los funcionarios municipales que intentan inculcar en el imaginario de la ciudadanía valores fundamentales como el respeto a los demás y al bien común. Una labor tanto más importante por cuanto constituye la única manera de vivir en una ciudad saludable, libre de congestiones vehiculares, protestas callejeras, avasallamientos y arbitrariedades de toda índole.

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