Editorial

Aviones bolivianos

Se deberían articular esfuerzos públicos y privados con miras al desarrollo industrial.

La Razón (Edición Impresa)

05:23 / 26 de mayo de 2014

Días atrás, en la ciudad de Oruro, la primera avioneta construida en esa región del país alzó vuelo, en sus primeras maniobras de prueba, con el fin de asentar su motor para alcanzar un óptimo rendimiento e identificar los ajustes que necesita. Este esfuerzo, que literalmente nos llevan a surcar los cielos bolivianos, es digno de resaltar desde todo punto de vista.

Cabe resaltar que esta iniciativa privada de ingeniería (una de las metas de la Agenda Patriótica 2025) se llevó a cabo sin la participación del Estado, bajo la batuta de Marcelo Miralles, expiloto del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB); y casi podríamos decir que se elaboró a pesar de las actuales políticas de industrialización.

Ahora bien, no negamos los importantes avances que el Gobierno actual ha realizado en materia de desarrollo productivo creando por ejemplo un ministerio para que se ocupe del sector; además, el país está dando sus primeros pasos en la industrialización del litio, en separación de líquidos y hasta en ensamblaje de computadoras. Algo impensable hace apenas diez años. Sin embargo, no debemos caer en el error de pensar que el Estado deba ocuparse de todos y cada uno de los eslabones industriales de la matriz productiva nacional. El ejemplo de la aún naciente industria aeronáutica privada en Oruro es un patente ejemplo, y es al mismo tiempo un poderoso llamado de atención al Gobierno para que incorpore en su visión país al capital productivo privado nacional.

Por otra parte, el sector que en algún momento pudo considerarse como la crema y nata del empresariado industrial boliviano (hoy por hoy atrincherado en las asociaciones gremiales) vive aletargado en la comodidad de la crítica fácil del insufrible trámite aduanero o de la unilateral política salarial del Gobierno; pues quiérase o no, las excepcionales condiciones macroeconómicas de Bolivia en los últimos años han permitido que el mercado interno rentabilice a más de una empresa que vive de la inercia.

De allí que sería conveniente que el Gobierno busque socios privados para la industrialización del litio fuera del país. Pero al margen de ese pequeño círculo de empresarios autocomplacientes, existen en el país emprendedores que no solo fabrican avionetas, sino también drones, alimentos, maquinaria y decenas de otros artículos con innovación y adaptación de tecnología para el mercado boliviano. Además, tenemos al empresariado cruceño y su fabulosa oferta de inversión de $us 13.000 millones para garantizar la soberanía productiva boliviana al 2025.

Existe, pues, un amplio margen de acción para articular esfuerzos públicos y privados con miras al desarrollo industrial y productivo de nuestro país. Valga el llamado para imaginar formas creativas (posneoliberales, si cabe) de política pública para incentivar y premiar la iniciativa privada cuando ésta es de verdad innovadora.

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