Editorial

Bancadas

Esta bancada cristaliza un nuevo posicionamiento del discurso indígena originario

La Razón / La Paz

00:24 / 20 de enero de 2012

La conformación, el martes, de una bancada indígena, compuesta por siete representantes originarios electos con la sigla del MAS y un octavo perteneciente a las filas de la oposición, plantea un conflicto institucional en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), pero sobre todo cristaliza un nuevo posicionamiento del discurso indígena originario.

En efecto, tres asambleístas titulares   y cinco suplentes decidieron conformar una bancada propia con el objetivo declarado de oponerse a la revisión de la ley corta que declara intangible el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). Sin esos tres votos, el Movimiento Al Socialismo (MAS) conserva en el límite el número de representantes necesarios para tener dos tercios del voto en el plenario. Sin embargo, el Movimiento Sin Miedo (MSM), exaliado del partido gobernante, también anunció la separación de sus militantes de la bancada oficialista, lo que le resta otros tres votos.

Según el Reglamento de Ética, aprobado por Diputados en 2010, es una falta gravísima el “incorporarse a un partido político distinto de aquel por el que fue postulado o declararse independiente del mismo”, situación que afecta tanto a los indígenas como a los Sin Miedo, pues podrán ser enviados a la Comisión de Ética.

Previsiblemente, este procedimiento institucional, aprobado por los propios asambleístas que hoy no quieren pertenecer a la bancada oficialista, provocará un conflicto en demanda de su derecho a disentir y, como han sugerido los diputados del MSM al proponer un revocatorio para sus puestos, en defensa de la legitimidad del voto que los puso en ese lugar, particularmente en el caso de los tres asambleístas uninominales de La Paz.

Pero más serio que el problema de cómo conservar los dos tercios de la ALP, necesarios, entre otros asuntos, para aprobar juicios de responsabilidades, sancionar y modificar leyes, puede ser el nuevo discurso indigenista enarbolado no por todos los representantes indígena originario campesinos, pero sí por los indígenas de tierras bajas, cuyo capital político está particularmente acrecentado luego de la marcha en contra de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos.

Precisamente por ese estado de cosas, es previsible que la nueva bancada, si llega a consolidarse a pesar de las restricciones del citado Reglamento, será un serio obstáculo para muchos proyectos de desarrollo que, de un modo u otro, tocan a la naturaleza o los derechos indígenas. Si los disidentes son finalmente separados, la querella será por presunta discriminación de parte del partido gobernante.

Es posible que la solución intermedia esté en la puesta en práctica de actitudes más afines con la construcción de consensos que con el ejercicio de la pura fuerza, así sea que ésta venga legitimada por el voto mayoritario.

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