Editorial

Biocombustibles

Sería un sinsentido quitar comida a las personas solo para darle combustible a los automóviles.

La Razón (Edición Impresa)

01:36 / 19 de septiembre de 2018

Días atrás, el Presidente del Estado promulgó la Ley de Etanol y de Aditivos de Origen Vegetal (Ley 1098), que da inicio a la “era de los biocombustibles” en el país. Días después, se confirmó que el primer trimestre de 2019 estará disponible comercialmente la primera variedad de etanol producido a base de sorgo. Lo que a simple vista parece un avance en materia ambiental no lo es tanto.

El director de la sociedad granelera Granosol SA, la empresa que junto con otros dos grupos de productores de sorgo está invirtiendo en la implementación de una planta móvil para producir el alcohol, anunció que en enero o febrero la empresa comenzará a proveer del combustible a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), que a su vez lo distribuirá en aproximadamente 300 estaciones del servicio de La Paz, Santa Cruz, Cochabamba y Tarija.

Según la explicación del empresario, la planta, de 1.500 metros cuadrados, es móvil, porque puede ser trasladada a la zona donde se produce el grano para convertirlo ahí mismo en etanol. La inversión fue de aproximadamente $us 9 millones por tecnología argentina, que ha sido acreedora de reconocimientos en todo el orbe. Con la planta móvil es posible producir entre 250 y 300 litros de combustible por tonelada de grano.

La noticia del inicio de la producción sostenida de biocombustibles (en los 90 hubo esporádicos intentos que no prosperaron) es positiva, si se considera que la presencia de este carburante en el mercado permitirá reducir la importación de otros combustibles, cuyo costo es asumido por el Estado a través de subsidios que en la teoría son dañinos para la economía, pero que en la práctica no pueden ser eliminados por la presión social.

Desde el punto de vista ambiental, no necesariamente significa buenas noticias, pues hasta donde se sabe, la emisión de dióxido de carbono de estos carburantes no difiere significativamente de la producida por los combustibles de origen fósil. Asimismo, una gran preocupación en el mundo es que la demanda de granos u otras especies aptas para producir estos biocombustibles tiende a quitar espacio para los cultivos de alimentos, así como también cambia el uso de suelos por la necesidad de ampliar la frontera agrícola.

Los productores de sorgo afirman que la producción de etanol a partir de su grano no afectará ni las exportaciones ni la demanda del mercado interno. Asimismo, aseguran que tras la producción de etanol queda burlanda de sorgo, empleada como alimento para ganado.

No es mala en absoluto la idea de producir combustibles en el país y dejar de depender, así sea mínimamente, de la importación, mas eso no significa que sea buena idea perder de vista los problemas antes anunciados, especialmente el referido a la producción de alimentos, pues sería un sinsentido quitar comida a las personas solo para darle combustible a los automóviles.

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