Editorial

Precariedad

Las edificaciones de más de cinco pisos carecen de las condiciones mínimas de seguridad

La Razón (Edición Impresa)

00:02 / 15 de octubre de 2017

En una ciudad en donde los edificios son inseguros y no están diseñados para casos de emergencia, la seguridad es todavía precaria. Es el caso de El Alto, donde las autoridades municipales reconocen que las edificaciones de más de cinco pisos carecen de las más elementales condiciones de seguridad. La responsabilidad no es solo de la municipalidad.

Según la Ordenanza Transitoria de Uso de Suelos y Patrones de Asentamiento (USPA) de El Alto, que data de 1996, cualquier edificio de más de cinco pisos debe contar con escaleras de incendio y escapes; lo mismo aplica para discotecas, restaurantes, hoteles, saunas y otros establecimientos con afluencia de público. Esta elemental disposición no se acata prácticamente en ningún caso.

Para muestra, basta un botón: en la Ceja, la zona más densa de la ciudad, Catastro Municipal ha detectado que las edificaciones tienen únicamente una puerta de ingreso y salida, y que todos los otros accesos a la calle que pudiera tener el inmueble suelen cerrarse con pesadas rejas o cortinas metálicas. La tragedia ocurrida en un edificio municipal en febrero de 2015 es el mejor ejemplo del peligro del que se habla. Corrobora el dato el Comandante de la Unidad de Bomberos de El Alto cuando señala que en casos de intervención de emergencia, se ven obligados a violentar no una, sino varias puertas sucesivas, lo que se ve dificultado, además, por la estrechez de pasillos y escaleras.

Es evidente que el Gobierno Municipal nunca fue capaz de imponer la norma, y hoy parece una misión imposible, dado el crecimiento de esa ciudad, la segunda más poblada del país. En parte ello deviene por el justificado temor ante la delincuencia, que ni con rejas parece detenerse a la hora de asaltar la propiedad ajena.

Pero también son en parte responsables los propietarios que deliberadamente ignoran la norma con el fin de tener más espacio útil en sus edificaciones, incluso a veces afectando la comodidad de sus habitantes. La histórica falta de fiscalización eficaz ha permitido que esto se convierta en una práctica habitual. E igual culpa tienen los arquitectos y constructores que diseñan y erigen estos edificios, sabiendo que el cliente no siempre tiene la razón, particularmente en asuntos tan delicados como la seguridad para los habitantes de un inmueble.

La seguridad en los edificios no es un tema banal, y aunque el caso de El Alto es particularmente preocupante, no está de más recordar que en otras ciudades del país, comenzando por la sede de gobierno, es probable que muchas edificaciones también estén fuera de norma, no solo por la superficie construida o el número de pisos, sino también porque ponen en riesgo a las personas por no tener escapes y escaleras de emergencia apropiados. Toca a los gobiernos locales buscar remedio a esta situación, pero sobre todo evitar que siga ocurriendo en las nuevas edificaciones.

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