Editorial

Bosques amenazados

El 50% de los productos envasados en los mercados está relacionado con la deforestación

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:50 / 02 de julio de 2015

Días atrás, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) publicó su último informe sobre el estado de los bosques en el mundo, alertando sobre el difícil panorama que enfrentan estos importantes reservorios de biodiversidad, esenciales para garantizar no solamente las necesidades básicas de las personas, sino también la vida en el planeta.

Según este estudio, si se mantienen las actuales tendencias en materia de deforestación, en los próximos 15 años podrían llegar a destruirse 170 millones de hectáreas forestales, equivalentes a casi el doble de la superficie del país. Siempre según la misma fuente, once son las regiones más vulnerables a la deforestación: la Amazonía, el Gran Chaco y los bosques Atlántico y Cerrado en América del Sur; el Chocó-Darién en América Central; el Congo Basin en África; la zona forestal tropical de Australia; el Gran Mekong en el sudeste asiático; y Borneo, Nueva Guinea y Sumatra. Es decir que Bolivia figura entre los países cuyas áreas forestales están más amenazadas, pues, como bien se sabe, parte de la Amazonía y del Gran Chaco forman parte del territorio nacional.

Como es de suponer, el informe también recuerda lo mucho que está en juego en esta lucha contra la deforestación. Y es que los bosques, como ya se ha resaltado desde este mismo espacio en reiteradas ocasiones, además de albergar a una gran cantidad de plantas y animales proporcionan beneficios ecológicos y sociales de incalculable valor: son fuente de recursos que empleamos cotidianamente como el papel, madera, corcho, resinas, frutos, leña, etc. Son la base de la economía de muchas regiones, sobre todo rurales. Evitan inundaciones, desbordes, erosiones y deslizamientos, por cuanto sujetan el suelo con sus raíces y regulan los cauces de los ríos y el ciclo del agua, ya que filtran, purifican y recargan los acuíferos. Por si todo ello fuera poco, las áreas forestales almacenan y fijan en su cobertura vegetal dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero que está calentando el planeta, transformándolo en carbono y contribuyendo de esta forma a mitigar los efectos del cambio climático. Pero cuando un bosque es destruido, este gas se libera mediante la descomposición o combustión de los residuos vegetales, agudizando el calentamiento global.

Todos estos beneficios, así como los impactos de la deforestación, están creando una presión cada vez más fuerte para que los gobiernos y los organismos internacionales fomenten la conservación de los bosques, comprometiendo por ejemplo a las empresas a no adquirir soya o ganado procedente de áreas recientemente reforestadas. Pero también con campañas de concientización que apuntan a modificar los hábitos de consumo de la población, pues, como bien advierte la FAO, las materias primas vinculadas a la deforestación se encuentran en el 50% de los productos envasados en los supermercados del mundo entero.

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