Editorial

Brutal injusticia

Estos hechos revelan el elevado grado de intolerancia y la falta de respeto hacia la vida

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:21 / 30 de marzo de 2016

El 1 de marzo, Carlos Simón Llano Rodríguez, de 32 años, fue linchado en el barrio San Luis de El Alto; no obstante, su cuerpo fue encontrado dos días después, atado de pies y manos, con signos de haber sido brutalmente golpeado y quemado cuando aún se encontraba vivo. Su único delito fue haber manifestado síntomas de una enfermedad mental en el lugar equivocado.

Hace 15 años a Llano le diagnosticaron esquizofrenia, y desde entonces estuvo recibiendo medicamentos para controlar esta dolencia. Empero, según explicaron sus familiares, en los últimos meses las pastillas ya no le hacían efecto, por lo que dejó de tomarlas. Y sin este tratamiento manifestaba brotes psicóticos que lo impulsaban a recorrer las calles en busca de una mujer y de dos hijos que nunca tuvo, o de su madre, a pesar de que ella había fallecido hace dos años. La Policía y sus seres queridos presumen que los vecinos de San Luis lo “confundieron” con un antisocial debido a su actitud desequilibrada, y en lugar de llamar a las fuerzas del orden decidieron ejercer “justicia” por sus propias manos, es decir, de la peor manera y con una violencia inusitada: las investigaciones preliminares dan cuenta de que fue salvajemente agredido desde las 16.00 hasta las 22.00, al extremo de que sus restos quedaron irreconocibles por las quemaduras y los golpes, amén de faltarle varias piezas dentales.

Huelga recordar que no es la primera vez que una turba enardecida se ensaña con personas que manifiestan alguna discapacidad. Por caso, en septiembre de 2011, Israel Colque (sordomudo) fue linchado en la plaza Abaroa de Viacha, a tan solo 300 metros de la FELCC. Este joven de 25 años se había quedado dormido en un bus luego de festejar con unos amigos su ingreso al que iba a ser su primer empleo, por lo que terminó lejos de su hogar. Y al tratar de indagar dónde se encontraba fue confundido, al igual que Llano, con un ladrón. Pronto se organizó una turba que le exigió confesar su supuesta intención de robar, pero como solo pudo responder con señas, interpretaron su reacción como una burla, ensañándose aún más con él hasta matarlo.

Igual suerte corrió Edson Siñani Huallas, de 35 años, quien fue linchado en junio de 2014 en Sipe Sipe (Cochabamba), pueblo al que viajó desde la población vecina de Vinto, donde residía. Pero al arribar a Sipe Sipe sufrió un ataque de epilepsia que lo dejó desconcertado y lo condujo hasta un domicilio desconocido, desde donde dieron la voz de alarma al resto de los vecinos, quienes acabaron con su vida.

Estos hechos ponen en evidencia el elevado grado de intolerancia y la falta de respeto hacia la vida que impera en varias localidades del país, lo que, junto a la animadversión contra el sistema judicial, da lugar a respuestas colectivas contra la inseguridad, que en el fondo no son sino brutales actos de injusticia que deben ser sancionados con todo el rigor de la ley.

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