Editorial

Cambio climático

El agro es la actividad económica más afectada por el cambio climático.

La Razón (Edición Impresa)

00:07 / 18 de agosto de 2016

El calentamiento global, producto de la emisión de gases de efecto invernadero, ha dejado de ser una amenaza para convertirse en una realidad. Tanto así que su efecto en la seguridad alimentaria ya es objeto de investigaciones, y según advierte una nota publicada recientemente, Potosí   es la región del país que sentirá con mayor rigor el cambio climático.

En efecto, días atrás, en una reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) se presentó el estudio “Seguridad alimentaria, nutrición y erradicación del hambre. Elementos para el debate y la cooperación regionales”, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi). En el estudio se concluye que el agro “es la actividad económica más afectada por el cambio climático” en el continente, principalmente en Bolivia, Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Paraguay. Además, alerta que los cambios afectarán el rendimiento de cultivos, impactarán en las economías locales, comprometerán la seguridad alimentaria y generarán una disminución de la disponibilidad de agua para la producción de alimentos y otros usos.

Semejante panorama, que debe provocar justa preocupación en propios y extraños, es particularmente dramática para el caso boliviano, pues se señala que en el país “el impacto de los cambios de temperatura y precipitación causaría una reducción media del 20% de los ingresos rurales. El departamento de Potosí, el más pobre del país, sería el más afectado, con una disminución del 34% de los ingresos rurales”. Y las malas noticias continúan: siempre según la misma fuente, en Bolivia la productividad por hectárea podría reducirse hasta en 43%, el porcentaje más alto en ese indicador, solamente comparable con Paraguay.

La evidencia que puede respaldar las preocupantes conclusiones del estudio puede observarse en las pérdidas que este año se han producido en el sector agropecuario del oriente (también atribuibles a los efectos del fenómeno de El Niño), en la casi desaparición del lago Poopó, en Oruro, o en el hecho de que el nivel de las aguas del lago Titicaca haya bajado en casi dos metros en los últimos 13 años, por citar solamente los casos que más atención mediática han merecido.

El Gobierno por su parte afirma que ante esa previsión ha lanzado iniciativas para dotar de agua a las comunidades, tales como el programa Mi Agua o el programa Mi Pozo de Emergencia; también hay proyectos para dotar de semillas a los productores campesinos, pero todo apunta a que hará falta aún más. Es deseable que las iniciativas se multipliquen tanto como sea posible, pues de otro modo será imposible de materializar el sueño de convertir a Bolivia en centro distribuidor de alimentos para la región.

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