Editorial

Canes adiestrados

El método del centro busca desarrollar el instinto que todos los perros tienen hacia el juego

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:48 / 14 de julio de 2015

En 2001 se inauguró en Cochabamba el Centro de Adiestramiento de Canes Detectores de Droga (CACDD). Desde entonces, gracias a un método de formación lúdico reconocido por propios y extraños, se han adiestrado 282 perros, que han contribuido a hallar más de 14,7 toneladas de estupefacientes solo en el país, pues muchos de los canes entrenados han salido al exterior.

En efecto, tal es el reconocimiento de esa academia que no solo agentes bolivianos sino también extranjeros, provenientes de diferentes partes del mundo, llegan para formarse junto a los canes que nacen y se crían en el CACDD. El curso dura menos de un semestre y aquellos que lo aprueban, además de un cartón, se llevan un compañero de probadas aptitudes en la lucha contra las drogas, amén de un amigo cuya fidelidad está más allá de toda duda razonable.

La principal particularidad del método del CACDD consiste en desarrollar el instinto que todos los perros tienen hacia el juego. Los pioneros en este entrenamiento muy pronto se dieron cuenta de que sus estudiantes cuadrúpedos, al igual que sus amos bípedos, hacen bien aquello que les apasiona practicar. Desde entonces fueron perfeccionando este método lúdico, que empieza cuando los cachorros están aún en el vientre materno, pues se trata de razas genéticamente modificadas que tienen mayores aptitudes para realizar esta labor, por ejemplo, además de buen temperamento no deben temer la altura o el ruido.

Es decir que, a diferencia de lo que muchas personas piensan, a los perros detectores de droga no se los vuelve adictos para que busquen y encuentren estupefacientes. Se intenta más bien asociar su “adicción” natural hacia al juego con la pesquisa de diferentes sustancias, ya sean drogas, explosivos u otros. De ahí que cuando por ejemplo uno de los canes adiestrados se pone a olfatear maletas en busca de estupefacientes, lo que en realidad está rastreando es su juguete favorito, y qué mejor que un animal con 250 millones de células olfativas (frente a las 5 millones de un ser humano) para realizar esta labor. 

No obstante, para que los canes puedan sentirse a gusto con este “juego” y alcancen la excelencia, necesitan asimismo compañeros igual de entusiastas. De ahí que otra de las particularidades de esta academia sea la de trabajar con personas no solo pacientes y disciplinadas, sino también alegres, imaginativas y que sobre todo amen a los animales.

De allí que algunos agentes antidrogas, acostumbrados a los garrotes antes que a las zanahorias, probablemente se sientan desilusionados con este método lúdico y afectivo. No obstante, esta desilusión sin duda quedará muy pronto olvidada, no solo por los buenos resultados, sino también y sobre todo por la certeza de que no hay mejor trabajador que aquel que siente pasión por su trabajo.

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