Editorial

Carnaval de millones

Más allá de la diversión, el Carnaval constituye una importante fuente de ingresos y empleo

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:00 / 06 de febrero de 2016

Hoy Oruro y Santa Cruz se visten de lentejuelas, bordados y terciopelo, para ostentar sus declaratorias como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad y Patrimonio Cultural de Bolivia, respectivamente. Sus calles acogerán a miles danzarines y músicos que darán inicio al Carnaval, una fiesta pagano-religiosa enraizada en el alma boliviana.

Además del efecto festivo, esta celebración también es un hecho económico que, de acuerdo con estimaciones del Ministerio de Culturas, se tiene previsto que este año movilice en el país aproximadamente $us 100 millones en las diferentes regiones, principalmente en la ciudad de Oruro a través de su majestuosa entrada folklórica (60%), seguido del corso cruceño (30%); mientras que el restante 10% se distribuye en las demás regiones.

Lo relevante de la fiesta carnavalera es el efecto multiplicador que genera. Considerando un cálculo bastante simple y conservador, que tiene como base los $us 100 millones estimados, que devienen del gasto promedio de $us 300 que realizan durante los cuatro días que duran las carnestolendas los aproximadamente 350.000 visitantes, tanto nacionales como extranjeros, en demanda de transporte, comida, alojamientos y la infaltable cerveza.

Ahora bien, respecto a la relevancia económica y el efecto redistributivo que tiene el Carnaval, cabe realizar un par de consideraciones. Primero, además de la movilización monetaria del turismo, esta celebración implica la inversión directa de recursos adicionales (a veces insuficiente) en infraestructura pública y privada de servicios, transporte, alojamiento y disfrute. Segundo, desde la perspectiva redistributiva, el Carnaval se convierte en un mecanismo de asignación que, sin considerar la presencia de una transnacional cervecera que se hará de un buen porcentaje de los ingresos, el acceso al poder de gasto de quienes buscan divertirse en las diferentes latitudes carnavaleras de Bolivia se diversificará entre quienes brinden sus servicios de confección, bordado o “embellecimiento” para las y los danzantes.

Por otro lado, esta fiesta también representa una oportunidad para los dueños de inmuebles que ofrecen sus viviendas como posadas temporales para aquellos que no consiguen espacio en algún alojamiento. Además, se incorporan a este movimiento económico aquellos que ofrecen alimentos en restaurantes, cafeterías o en algún puesto improvisado de alguna calle adyacente a los recorridos carnavaleros.

Los ejemplos de servicios antes señalados se extienden al transporte, comunicaciones, publicidad y otros. En resumen, el Carnaval también se constituye en un ámbito económico que tiene un importante peso como fuente de ingresos y empleo más allá de la diversión.

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