Editorial

Carniceros

En esencia, se busca que los comercializadores mayoristas tributen lo que es correcto

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 16 de junio de 2015

En una lamentable muestra de manipulación corporativista, los carniceros del país están en apronte y amenazan con desabastecer de este esencial producto a las ciudades del país en represalia por la decisión del Gobierno de obligar a tributar a los grandes comerciantes de carne. En esencia, se busca que los comercializadores mayoristas tributen lo que es correcto.

Es preciso aclarar, como ya lo hicieron las autoridades en repetidas ocasiones, que el impuesto no afectará a los pequeños comerciantes de carne al detalle que deberían estar cubiertos bajo el régimen simplificado. Lo que se requiere es que los también llamados “internadores” se registren en el Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) en la categoría que les corresponde. De acuerdo con estimaciones del presidente del SIN, la medida apunta a los intermediarios, quienes ganan hasta Bs 800.000 al mes y cuya evasión tributaria está entre Bs 931.000 y Bs 1.380.000, según un muestreo del 30% del total de unidades comerciales mayoristas estudiadas por el fisco boliviano.

Por algún motivo, los grandes mayoristas del comercio de carne vacuna consideran que se encuentran muy por encima del común de los ciudadanos, quienes deben cumplir con sus obligaciones con el fisco de acuerdo con la normativa vigente. De manera vergonzosa estos grandes comerciantes están usando el escudo de las asociaciones gremiales para preservar la costumbre de evadir sus obligaciones tributarias.

La primera reacción de los mayoristas de carne ha sido estrellarse contra la población, aprovechando un vacío de información entre los comerciantes al detalle para lograr su adhesión, argumentando, falsamente, que incluso los pequeños comerciantes deberán emitir factura y pagar los tributos que se les exigen a las empresas ya consolidadas.

Lamentablemente no es la primera vez que los elementos más acaudalados de los gremios del país manipulan a los actores más pequeños, generando movilizaciones, caos y presiones sociales que tienen el único afán de proteger el lucro de los que están en la punta de la pirámide. Los ejemplos son numerosos. Quizá sea el momento para replantear un esquema impositivo que diferencie con mucha más claridad a pequeños de grandes empresarios, y que les permita tributar en justa proporción con lo que realmente ganan. El anuncio de que los cocaleros ingresarán al sistema tributario puede ser una señal de voluntad política para ejecutar cambios.

Es de esperar que en esta ocasión se llegue a una pronta solución que beneficie a las familias bolivianas, reponiendo el suministro de este esencial alimento y, al mismo tiempo, que beneficie al Estado con la tributación que corresponde a grandes comerciantes, que desde hace mucho tiempo han estado engordando sus fortunas gracias a una persistente y deshonesta evasión.

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