Editorial

Celebrar la niñez

Aproximadamente 850.000 menores de 14 años se ven obligados a trabajar en el país

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:05 / 12 de abril de 2016

Hoy celebramos al mayor tesoro del país, los niños y niñas que diariamente llenan nuestros hogares con sonrisas y esperanza, y que constituyen el principal motor de cientos de miles de familias, dispuestas a esforzarse y trabajar de sol a sol no solo para cubrir sus necesidades, sino también con el propósito de hacer de Bolivia una mejor nación para las futuras generaciones.

Huelga recordar en este día tan importante que la infancia es una etapa trascendental en la vida, tanto más importante por cuanto es en este periodo cuando se desarrollan los esquemas básicos para comprender y actuar en el mundo. Además, como bien alertan los especialistas, para evitar que el desarrollo físico y mental de las nuevas generaciones se vea comprometido en el futuro, resulta fundamental que los niños y niñas se críen en un entorno positivo, alejado de la violencia; amén de recibir una dieta saludable, junto a una atención médica y una educación de calidad. En suma, se trata de garantizar que sus derechos sean respetados.

Al respecto, justo es reconocer que en los últimos años se han destinado bastantes recursos y se han ejecutado políticas de importancia para lograr este propósito. Prueba de ello son los avances en áreas como la mortalidad infantil, tasa que se redujo de 105 por 1.000 nacidos vivos a 49 entre 1994 y 2013, según estimaciones de Unicef. Asimismo, la cobertura de acceso a fuentes de agua segura subió del 69% a 88% en el mismo periodo, y la transmisión vertical del VIH/Sida a los bebés se está reduciendo considerablemente, entre otros avances. No obstante, aún queda mucho por hacer. Por caso, siempre según la misma fuente, aproximadamente un millón de niños aún viven en condiciones de pobreza extrema en Bolivia, sin acceso a servicios básicos, educación ni salud.

Como consecuencia de esta realidad, cerca de 850.000 menores de 14 años se ven obligados a trabajar, muchos de ellos en actividades que atentan contra su salud, como la zafra de la caña de azúcar, en las minas o desplumando pollos. Además, ocho de cada diez familias ejercen violencia física y psicológica contra las niñas, niños y adolescentes. Maltratos susceptibles no solo de provocar lesiones físicas e incluso su muerte, sino también raíces de rechazo y vergüenza, particularmente los abusos de corte sexual, cuyos frutos les impiden mantener relaciones sanas y duraderas, lo que a la postre deteriora su desarrollo y salud.

Como se puede observar, aún son muchos y grandes los desafíos que restan para garantizar el respeto pleno de los derechos de todas las niñas y niños bolivianos. En este sentido, no sobra insistir en la importancia de trabajar en la construcción de un sistema de protección gubernamental, sobre la base de políticas orientadas a garantizar a todos los niños y niñas una vida digna, libre de violencia y discriminación, con educación y salud de excelencia.

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