Editorial

Cerrojo a la diplomacia

El actual episodio de crisis se originó en julio de 2016, cuando David Choquehuanca, quien entonces era canciller, lideró una comisión que viajó a los puertos chilenos de Arica y Antofagasta para recoger las preocupaciones sobre obstáculos y restricciones al libre tránsito, una obligación estipulada en el Tratado de 1904.

La Razón (Edición Impresa)

09:30 / 21 de mayo de 2017

El lenguaje diplomático está plagado de señales que van desde ruidosos silencios hasta protestas airadas. En el caso de la relación entre Bolivia y Chile, estos signos se marcaron por el mutismo de Santiago ante las quejas razonables del país por la vulneración del sistema de libre tránsito, además de los reclamos, a fuego cruzado, entre cancillerías por roces fronterizos que pudieron evitarse con el diálogo.

El actual episodio de crisis se originó en julio de 2016, cuando David Choquehuanca, quien entonces era canciller, lideró una comisión que viajó a los puertos chilenos de Arica y Antofagasta para recoger las preocupaciones sobre obstáculos y restricciones al libre tránsito, una obligación estipulada en el Tratado de 1904.

El canciller chileno, Heraldo Muñoz, advirtió que la visita tendría consecuencias y, poco después, su país decidió exigir visado a las autoridades y diplomáticos del país. La medida entró en vigor en febrero y hasta el momento se ha negado el ingreso de cinco autoridades bolivianas.

El gesto de Chile es más preocupante porque también constituye una señal para el reclamado diálogo del mar que persigue el país, a merced del histórico litigio planteado ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). La vía diplomática tiene un cerrojo con una llave extraviada.

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