Editorial

Choferes de El Alto

Para esa población, el imperio de la ley y la autoridad constituida son, cuando menos, elementos incómodos.

La Razón (Edición Impresa)

00:05 / 23 de noviembre de 2017

Quienquiera que haya visitado alguna vez El Alto, así sea únicamente transitando el camino que lleva hasta el aeropuerto, sabe que una característica visible de esa urbe es el caos vehicular. Sobre esta certeza, el Gobierno Municipal de esa ciudad ha iniciado un proceso de reordenamiento, solo para encontrarse con la oposición de los transportistas.

En efecto, semanas atrás, cuando el gobierno local alteño anunció que iniciaría un proceso de reordenamiento del tráfico en calles y avenidas, dio paso a anuncios de conflicto con tres sectores que, evidentemente, son responsables del desorden: transportistas, comerciantes callejeros y, aunque parezca increíble, el Organismo Operativo de Tránsito, dependiente de la Policía Nacional.

Finalmente, esta semana, ante la activa oposición de los conductores y policías, la municipalidad anunció que suspenderá la emisión de boletas de infracción a choferes del transporte de pasajeros, limitándose, por ahora, a controlar y evitar el estacionamiento en lugares prohibidos.

Según explicó el Director de Regulación de Movilidad Urbana, el lunes debía iniciarse el control de estacionamientos en el centro de la ciudad, pero incluso esa tarea fue suspendida debido a que los choferes se comportaron de manera agresiva y golpearon a dos servidores de la Alcaldía. “Debemos garantizar la integridad de nuestros trabajadores, por eso suspendimos”, explicó la autoridad municipal.

Al respecto, el Secretario Ejecutivo de la Federación Andina de Choferes 1° de Mayo negó las acusaciones, aunque aceptó que el sector se movilizó para evitar las sanciones municipales. Es difícil dar crédito a esas palabras, pues abundan las imágenes de choferes agrediendo y golpeando a propios y extraños cada vez que protagonizan movilizaciones.

Finalmente, el Director de Tránsito en El Alto afirmó que la Policía es la encargada de hacer el control vehicular en la urbe, y recordó que la semana pasada iniciaron el despeje de vías en el centro alteño. Lo que no dijo la autoridad policial es que este renovado impulso de los oficiales de Tránsito responde no a su vocación de servicio, sino al temor de que el Gobierno Municipal les quite un pedazo de la torta que cuidan con tanto celo, porque de ahí proviene parte de los ingresos de los uniformados.

Mientras tanto, el desorden sigue campeando en las calles alteñas, demostrando que la autoridad pública, electa por mayoría de votos, solo cuenta a la hora de hacerle demandas, cuya satisfacción se obtiene por la vía de la movilización y la presión callejera. Sería deseable poder observar este comportamiento social únicamente como la muestra de que es una sociedad políticamente activa, mas desafortunadamente eso también significa que para esa población el imperio de la ley y la autoridad constituida son, cuando menos, elementos incómodos para una vida que se ceba en el desorden y la informalidad.

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