Editorial

Cigarrillos saborizados

La industria del tabaco despliega un sinfín de estrategias para atraer a nuevos consumidores.

La Razón (Edición Impresa)

00:07 / 11 de julio de 2017

El estudio titulado “Sabores que matan”, elaborado en meses recientes por la Universidad Johns Hopkins (EEUU), alerta que la venta de cigarrillos con sabor a menta, mora y otras frutas se ha incrementado sustancialmente en los últimos años en los países de la región, gracias a una campaña impulsada por las tabacaleras para captar nuevos consumidores.  

De acuerdo con esta investigación, si bien el consumo de tabaco ha disminuido de manera constante en la última década en América Latina, esta tendencia se ha visto “atenuada” desde 2015 debido a las nuevas estrategias orientadas a contrarrestar las políticas públicas que advierten sobre los efectos dañinos de este producto. Este es el caso por ejemplo de la comercialización de cigarrillos saborizados en lugares estratégicos como tiendas o quioscos apostados en inmediaciones de colegios y/o universidades. En la ciudad de La Paz, según advierte el estudio, de 114 minoristas instalados en torno a los centros educativos, 93 venden cigarrillos (el 82%), y 72 de ellos (el 63%) cuentan con productos de tabaco saborizados.

Esta estrategia, que apela a sabores intensos y diseños seductores para atraer a nuevos consumidores, especialmente entre los jóvenes y adolescentes, conlleva el doble peligro de volver aún más adictivos, si cabe, a los cigarrillos. Por caso, se sabe que el 90% de los cigarrillos está compuesto por tabaco (producto de por sí adictivo y cancerígeno, pues contiene nicotina, alquitrán y monóxido de carbono), y que el restante 10% son aditivos, cerca de 300 compuestos químicos que se emplean supuestamente para suavizar el sabor del tabaco.

Sin embargo, investigaciones impulsadas por el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo de la UE advierten que estas sustancias no solo vuelven más atractivo al cigarrillo, sino también más adictivo. Este sería el caso del cacao, “que tiene efectos broncodilatadores que facilitan el tránsito de los vapores de nicotina en los pulmones para que esa sustancia llegue más a la sangre”, o de los azúcares añadidos, “que se convierten en acetaldehído, que también aumenta el poder de enganche de la nicotina”.

A todo esto cabe añadir que un estudio de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), publicado en 2014 en la revista PLoS Medicine, advierte sobre la manipulación de datos publicados por la tabacalera Phillip Morris en los que se encubría el hecho de que los aditivos aumentan las enfermedades cardiacas y la probabilidad de cáncer.

Como se puede observar, la del tabaco es una industria de grandes proporciones que despliega un sinfín de estrategias para aumentar el número de sus clientes, especialmente entre las nuevas generaciones, sin importarles el terrible daño que causan los cigarrillos en su salud y en su economía. De allí la necesidad de redoblar esfuerzos en la lucha contra este nocivo producto, desde todas las trincheras posibles.

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