Editorial

Ciudad de la política

La Paz, ciudad en esencia revolucio-naria, celebra 203 años de su grito libertario.

La Razón

02:17 / 16 de julio de 2012

Las efemérides de ciudades, al menos en América Latina, suelen recordar fechas de batallas o de inicios o triunfos revolucionarios. Es el caso de este día, que recuerda la primera escaramuza revolucionaria comandada por Pedro Domingo Murillo hace 203 años, y encuentra a La Paz, como desde su fundación, como sede de la política, con sus encuentros y desencuentros.

En efecto, apenas levantadas las carpas y cocinas de los marchistas del TIPNIS, que se fueron sintiendo que al menos merecían un intento de diálogo, las mismas calles recibieron ayer el paso del desfile de teas. Si en el primer caso se evidencia la dureza de las formas de la política, que despierta compasión en las calles, pero en los salones de reunión plantea conflicto y más presión; en el segundo se percibe el orgullo de pertenecer al gentilicio, común denominador entre las personas, en muchos casos sin importar si se es paceño o paceña de nacimiento.

Fundada por la necesidad no sólo de establecer un lugar de paso para comerciantes y ejércitos durante la Colonia, la ciudad también fue sede de la reunión de “los discordes en concordia”, y desde entonces, pero con mucha más intensidad desde que se volviera sede de los poderes políticos del Estado, La Paz recibe episódicamente el espíritu combativo de la fuerzas enfrentadas, y suelen ser más las veces en que un pacto emerge de dicho enfrentamiento, que más conflicto.

Está, pues, inscrito en la identidad de la ciudad que su nombre suene a ironía cuando el paisaje urbano incluye cotidianas marchas y manifestaciones por una u otra reivindicación; y ésa es su fuerza y la de sus habitantes, el inconformismo, semilla revolucionaria y, ojalá fuera, combustible de la transformación.

Pero La Paz no es sólo la política tejida de confrontación. También, por su naturaleza de sede gubernamental, es una ciudad cosmopolita, así sea a reducida escala, donde confluyen las nacionalidades culturales de todo el país y toda suerte de extranjeros, que resultan, casi sin excepción, cautivados de una u otra manera por el mundo de la vida paceña y sus habitantes.

Reúne, así, al país con su enorme diversidad, con sus contradicciones y sus coincidencias, con su vocación solidaria innumerables veces demostrada. Con sus costumbres diferentes y complementarias; con sus fiestas y manifestaciones culturales a flor de piel; con sus muestras de una grandeza a veces latente, a menudo manifiesta.

La Paz, pues, celebra 203 años de su grito libertario y es buena la ocasión para celebrar ese espíritu que hace de este suelo, como decía el refrán revolucionario, “cuna de valientes, tumba de tiranos” y un referente inevitable de la potencia boliviana resumida en sus habitantes, con sus defectos y virtudes, pero sobre todo con su voluntad de ir más allá de donde el conformismo de unos cuantos señala como horizonte posible.

Histórico viaje

El Ana Cecilia, un barco con bandera boliviana, hizo historia el amanecer viernes, al arribar a Cuba, procedente de Florida, con un cargamento compuesto por productos de primera necesidad (alimentos, medicinas, comida y útiles de aseo personal) remitidos el miércoles por exiliados cubanos a sus parientes en la isla. Se trata del primer envío marítimo directo procedente de EEUU a la mayor de las Antillas en más de 50 años, desde la instauración en 1961 del embargo estadounidense.

El viaje fue gestionado por la compañía Port Corporation (IPC), que obtuvo una licencia del Departamento del Tesoro de EEUU para gestionar el envío. Ello gracias a una de las flexibilizaciones impulsadas por la Administración de Obama, para promover el intercambio cultural y académico entre ambas naciones. La compañía naviera radicada en Florida espera repetir la misma travesía al menos una vez a la semana.

El flete de medio kg de carga costará $us 5,99, precio mucho menor que en el pasado, ya que hasta el miércoles la mercancía debía viajar a través de terceros países, lo cual encarecía y retrasaba su transporte (el periplo podía tardar hasta dos meses). De ahí que la nueva iniciativa, que se inicia casualmente con sello boliviano, busque brindar un servicio más eficiente y de mayor celeridad.

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