Editorial

Clima extremo

Los bosques y los océanos son los únicos que pueden absorber los gases de efecto invernadero.

La Razón (Edición Impresa)

02:50 / 05 de junio de 2015

Una ola de calor en India ha provocado al menos 2.500 muertos en las últimas semanas, el mayor número de decesos por esta causa registrado en décadas. Simultáneamente, en Estados Unidos las lluvias torrenciales y los tornados golpearon a los estados sureños de Texas y Oklahoma, provocando la muerte de al menos diez personas y cuantiosos daños materiales.

El clima extremo también ha sacudido a la ciudad mexicana de Acuña, fronteriza con EEUU, donde el lunes anterior murieron al menos 13 personas por el impacto de un tornado. En India, el estado que más se ha visto afectado por el calor ha sido Andhra Pradesh (sureste), donde las temperaturas alcanzaron los 48 grados centígrados, y al menos 1.400 personas han fallecido desde el 18 de mayo, según la agencia Press Trust of India. Los médicos señalaron nunca haber visto tantos casos graves como en este año.

Todos estos hechos no son más que consecuencias del cambio climático. Y es que a medida que la tierra se calienta, genera distorsiones climáticas que aceleran el calentamiento global. Verbigracia, con las subidas de temperatura se derrite el hielo del océano Ártico, destruyendo el gigantesco “espejo blanco” que devuelve parte del calor hacia el espacio. Esto lleva a un mayor calentamiento del océano, que a su vez derrite más hielo, y así sucesivamente hacia una espiral desenfrenada. De allí que en los últimos dos años las sequías, los tornados y las tormentas hayan alcanzado niveles históricos.  

Los científicos vienen advirtiendo durante años sobre este fenómeno y sus secuelas. No obstante, sorprende que, a pesar de las contundentes evidencias científicas y empíricas del calentamiento global, existen todavía gobiernos que prefieren postergar la lucha contra este fenómeno en nombre del progreso. Autorizando por ejemplo el desarrollo de actividades hidrocarburíferas en las áreas protegidas, como acaba de suceder precisamente en el país con la reciente aprobación del Decreto Supremo 2366; o subsidiando los carburantes, uno de los principales generadores de dióxido de carbono, en vez de proteger los bosques del planeta, que son los únicos, junto con los océanos, que pueden contrarrestar la expansión de los gases de efecto invernadero.

Y lo propio ocurre a nivel personal, pues aún son muchas las personas que prefieren hacer caso omiso a contribuciones en favor del medioambiente como evitar los chaqueos, cuidar el agua o apagar las luces y computadoras que no están siendo utilizadas. Desidia que se manifiesta también entre las autoridades, nacionales y locales, que al parecer conciben la gestión de riesgos solamente como la atención de las emergencias y el apoyo a las víctimas, y no como un proceso planificado, concertado, participativo e integral, para contrarrestar las condiciones de riesgo de los desastres, en la búsqueda de un desarrollo sostenible.

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