Editorial

Comercio intensivo

En algunos lugares de La Paz, hasta cinco vendedores comparten el mismo espacio pero en horarios diferentes.

La Razón (Edición Impresa)

00:34 / 13 de noviembre de 2018

La ciudad de La Paz, al menos en algunas zonas, parece un gran mercado a cielo abierto; lo cual debe significar un trabajo extraordinario para el gobierno local, no solo por la gran cantidad de comerciantes minoristas que emplean veredas y calzadas para sus negocios sin importarles ni el tráfico ni los peatones, sino también porque hasta cinco personas comparten cada espacio.

Es el caso por ejemplo de la famosa esquina de las calles Tumusla y Manco Kápac, en la zona Norte, donde entre las 05.00 y las 10.00 los espacios de venta son utilizados por las “mañaneras”, de 10.00 a 17.00 se venden prendas de vestir, de 17.00 a 20.00 ingresan otros comerciantes, de 20.00 a 22.00 se vende fruta, y de 22.00 para adelante el espacio es ocupado por vendedores de comida. Solo en esa zona hay 1.700 personas afiliadas al sindicato.

Lo mismo sucede en muchos otros lugares de la ciudad, y así lo confirma la Directora de Mercados y Comercio en Vía Pública del Gobierno Municipal paceño cuando revela que “luego de varios estudios, se verificó que en un mismo espacio existen muchos puestos fijos”, aunque en diferentes horarios. La cultura urbana paceña y la necesidad de quienes no tienen un trabajo estable son las principales causas de tan extendido comercio callejero en la sede de gobierno.

La distribución de espacios y horarios es realizada por la Alcaldía, pero es evidente que sin el control de los propios comerciantes y sus organizaciones sería imposible que el sistema funcione. Tener un puesto en la calle durante algunas horas del día demanda pagar una patente por sentaje, que oscila entre Bs 50 y Bs 60, dependiendo del espacio ocupado.

Según la citada autoridad municipal, en toda la ciudad hay 31.000 comerciantes registrados y que pagan patente municipal. No es difícil imaginar que esa cantidad se multiplica al considerar las miles de personas que ejercen el comercio callejero sin registro ni autorización y que episódicamente se movilizan en contra de la municipalidad exigiendo que se deroguen todas las normas que obligan al registro de gremiales.

El mencionado registro de comerciantes gremiales posibilita a las personas poseer una patente municipal única, que contiene información del titular, del puesto de venta, el rubro, las medidas, la ubicación y horarios; lo cual a su vez sirve a la Guardia Municipal para hacer la fiscalización correspondiente.

La necesidad tiene cara de hereje, dice el viejo y conocido refrán, y las calles de La Paz son el escenario donde cotidianamente se evidencia su profundo significado. Los comerciantes entrevistados por este diario coinciden en subrayar la falta de oportunidades laborales, pero es posible que haya mucho más que eso. Mientras tanto, las calles siguen siendo un mercado a cielo abierto que nos recuerda que hay mucho camino por recorrer hasta lograr que todas las personas accedan a un trabajo digno.

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