Editorial

Computadoras Kuaa

Lo que hizo el estudiante tarijeño es similar a lo que hace todo el sector público

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 28 de octubre de 2014

Días atrás, la Ministra de Desarrollo denunció que un estudiante de Tarija había hackeado una de las computadoras Kuaa, instalándole un sistema operativo pirata para descargar juegos y videos para adultos. Además de pedir una sanción para el responsable, la autoridad indicó que lo sucedido justifica la prohibición de que los alumnos se lleven las portátiles a sus casas.

A raíz de esta noticia, especialistas en software y aficionados aprovecharon las redes sociales para cuestionar la vulnerabilidad del sistema de seguridad de las computadoras portátiles ensambladas en el país, así como también el hecho de que las Kuaa vengan con un software preinstalado de una multinacional a la que se debe pagar licencias, en vez de haber utilizado software libre.

Ciertamente vulnerar el sistema de seguridad, borrar el sistema operativo e instalar otro sistema operativo sin licencia implica modificar y eventualmente inutilizar la laptop educativa. En este sentido, el Gobierno debería reconocer que el sistema de seguridad de las computadoras Quipus puede y debe ser mejorado. Innovación tanto más importante por cuanto no solamente existe un estudiante, sino muchos con la curiosidad, conocimientos y habilidades suficientes para modificar las computadoras y adaptarlas de acuerdo con sus intereses y “necesidades”.

Por otro lado, mucho se habla sobre la pérdida económica que implicó el borrado de las licencias originales. Al respecto, algunos especialistas indican que no hay tal pérdida, porque cada laptop viene con la opción de restaurar el sistema con los valores de fábrica. Y agregan que esa supuesta pérdida económica sería inexistente si se usara un sistema operativo de software libre, que es gratuito y que, a diferencia del software privativo que ahora se utiliza, su actualización no tiene ningún costo, además de tener una alta resistencia contra virus y programas maliciosos, como los de espionaje.

Sobre el tema, las autoridades indicaron que el sistema operativo actual tuvo un costo mínimo de tres dólares. No obstante pudo incluso costar menos. Y es que, tomando en cuenta el gran número de computadoras que se debe entregar a los estudiantes del país, la suma de las licencias se convierte en un monto importante de divisas que se van fuera del país, habiendo alternativas para ahorrar ese dinero.

Un segundo aspecto  tiene que ver con el hecho de que lo que hizo el estudiante tarijeño es similar a lo que hace todo el sector público: usar software pirata. Es decir, que gracias a la curiosidad (no necesariamente sana) de un estudiante, hoy el país está debatiendo un tema trascendental para el desarrollo de nuestras telecomunicaciones: el de la soberanía tecnológica en el software que se usa, no solo para el sector educativo, sino para las operaciones cotidianas del sector público. 

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