Editorial

Concordia en Ecuador

Se puede ser fiel a las ideas que uno defiende sin fomentar el odio y la intolerancia

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:00 / 08 de abril de 2017

La polarización política ha sido uno de los principales rasgos de varios procesos electorales recientes en América Latina. Estas tácticas dan réditos coyunturales pero no favorecen a la democracia en el mediano y largo plazo. Como ha sugerido el presidente electo de Ecuador, Lenín Moreno, es quizás el momento de cambiar el tono del discurso político y promover la concordia.

Se suele decir que la democracia es un régimen capaz de gestionar institucional y pacíficamente las divergencias que existen en una sociedad. La garantía del pluralismo viene acompañada naturalmente por el conflicto. Una democracia en la que las opciones políticas se hacen indistinguibles va decayendo y perdiendo legitimidad. Sin embargo, siempre existe la tentación de exacerbar las diferencias para hacerse más fuerte y disputar el poder. La táctica de la polarización es muy antigua, pero últimamente se ha renovado debido a la proliferación de las redes sociales, que ejercen una gran influencia en una gran cantidad de ciudadanos echando mano de simplificaciones, noticias falsas y populismos de todos los signos.

En muchas contiendas electorales, como la más reciente en Ecuador, el adversario es transformado en el exponente no solo de ideas y orientaciones políticas erradas, sino también en el conglomerado de la maldad y de todos los vicios. Es así que las querellas políticas derivan en cruzadas cuasi religiosas, batallas entre el bien y el mal. Y producto de ello no es extraño que se imaginen manipulaciones y fraudes de toda laya, porque en un conflicto místico la bondad solo puede ser derrotada con malas artes. Aunque la sociedad frecuentemente no está dividida tan profundamente como las élites, de todas maneras se vuelve rehén de sus simplificaciones. En el corto plazo, esto fomenta la intolerancia y la desconfianza; y en el mediano, dificulta la tarea de gobernar para cualquiera que resulte el ganador de la contienda. Algo de eso está pasando lamentablemente en la controversia postelectoral entre el virtual ganador de la elección ecuatoriana, Lenín Moreno, y el derrotado Guillermo Lasso.

Frente a estos climas malsanos, es crucial que el cambio de comportamiento venga de la cúspide del poder, es decir, de los líderes políticos. Moreno, en sus primeras expresiones, ha hecho un llamado a la concordia, a un gobierno para todos, a dialogar; incluso ha convocado a los que se fueron disconformes con el Gobierno de Correa a conversar con la nueva gestión. Esa apertura y tono cordial, que incluso su mentor identifica como una virtud que los diferencia, se hace además sin que deje de reclamar su identidad y orientaciones programáticas de izquierda, frente a las de sus adversarios de centro-derecha. Es decir, lo cortés no quita lo valiente, se puede ser fiel a las ideas que uno defiende sin fomentar el odio y la intolerancia. Ojalá siga así y otros lo acompañen, todos ganaremos con ese ejemplo.

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