Editorial

Contaminación acústica

La contaminación acústica afecta los sistemas auditivo, nervioso y cardiaco

La Razón

00:00 / 29 de abril de 2013

Es bien sabido que entre los muchos factores que inciden en la contaminación ambiental, el ruido es uno de los más evidentes y a la vez uno de los menos atendidos. La contaminación acústica es fuente de males en los sistemas nervioso y cardiaco, además del auditivo; y así como es culpa de todas y todos, también es tarea de la población evitarla o siquiera reducirla.En efecto, el miércoles 24, con ocasión de recordarse el Día Internacional contra el Ruido, el Gobierno Municipal de La Paz realizó una campaña que ayudó a visibilizar el problema, poniendo énfasis en la necesidad de transformar los hábitos que causan contaminación acústica. Según el Director de Gestión Ambiental de la Alcaldía, el aumento del parque automotor, con su permanente ruido de motores y bocinas; la presencia de voceadores de minibuses; parlantes en la puerta de comercios; música y otros factores han generado un incremento de la contaminación ambiental en la urbe paceña.

Así, según el Mapa de Contaminación Acústica de la Alcaldía, publicado en 2012, los niveles máximos de contaminación superan los 78 decibeles (dB), en horarios “pico” en varios sectores de la ciudad, cuando lo máximo aceptable es de 70 dB según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS afirma que el 76% de la población que vive en los grandes centros urbanos sufre de un impacto acústico muy superior al recomendable, y esto se refleja en su calidad de vida y se manifiesta a través de estrés, irritabilidad, hipertensión, dolores de cabeza, taquicardias, fatiga, sordera, aceleración respiratoria y cardiaca y problemas cardiovasculares, problemas del sueño y molestias digestivas así como la disminución de la capacidad y del apetito sexual, al tiempo que ha contribuido en el alarmante incremento del número de accidentes.

En ese sentido, la campaña de la Alcaldía, que se realizó por tercer año consecutivo, consistió en que trabajadores municipales y activistas ambientales se ubicaron en avenidas y calles para distribuir panfletos informativos, realizar dinámicas grupales cuando los semáforos estaban en rojo y mostrar carteles con caras sonrientes junto a mensajes que convocan a no hacer ruido innecesario.

Los primeros pasos para resolver este problema pasan por convencer a los conductores de emplear menos la bocina, que rara vez sirve para otra cosa que no sea incomodar a los peatones o irritar a otros conductores; asimismo, lograr que comercios y restaurantes dejen de poner parlantes con música en las puertas que den a las calles, cosa que además está prohibida por las normas municipales; y en lo posible eliminar la necesidad de tener personas gritando la ruta de buses y minibuses.

Lograr siquiera estos tres objetivos tendría un evidente impacto en la reducción del ruido ambiental y, por tanto, mejoraría la calidad de vida en la urbe. Ojalá sea posible.

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