Editorial

Contaminación minera

Los niveles de metales pesados en el Pilcomayo están muy por encima del límite tolerable.

La Razón (Edición Impresa)

02:15 / 17 de julio de 2014

Se suele relacionar la vida con el agua, pues sin la segunda la primera no existiría. Sin embargo, la corriente del río Pilcomayo, cargada con desechos tóxicos, pone en entredicho tal cualidad. Aunque suene exagerado, las aguas de éste y otras corrientes que cruzan el territorio nacional, como el río Huanuni o el de San Juan de Sora Sora, bien podrían ser sinónimo de muerte.

En efecto, como se mencionó días atrás en este mismo espacio, las actividades mineras han herido de muerte a este importante río que nace en Potosí, cruza Chuquisaca y Tarija antes de ingresar a territorio paraguayo. Durante décadas las cooperativas mineras, pero también grandes empresas del rubro han vertido sus desechos al Pilcomayo sin ninguna contemplación. Un último capítulo de este atentado contra la salud acaba de hacerse público. Hace dos semanas el dique de colas (tanque que sirve para almacenar los residuos de las plantas de tratamiento metalúrgico) de la Empresa Minera Santiago Apóstol colapsó, echando al cauce del Pilcomayo toneladas de desechos de plomo, sodio, magnesio y hierro, entre otras sustancias tóxicas para el organismo.

Un reciente informe técnico elaborado a pedido de la Gobernación de Chuquisaca constató que los niveles de esas sustancias están muy por encima del límite tolerable. Contaminación que, señalaron las autoridades, pone en riesgo la salud de los pobladores de al menos 26 comunidades asentadas en la ribera del Pilcomayo, a lo largo de nueve municipios chuquisaqueños. Para contener esta emergencia sanitaria, el gobierno departamental de Chuquisaca está ejecutando un plan de contingencia con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente. Además de evitar el consumo y el empleo del caudal del Pilcomayo, los brigadistas deberán tratar a quienes han consumido de estas aguas contaminadas.

Cabe recordar que la constante exposición de la piel y el consumo de agua y de alimentos contaminados con las sustancias tóxicas antes mencionadas dan lugar a malformaciones congénitas, disfunciones renales, cáncer, males hepáticos e inmunológicos, que provocan cuadros de morbilidad crónica entre la población afectada. Por si esto fuera poco, los agentes contaminantes de la minería ejercen asimismo efectos de perturbación en la fertilidad de los suelos, pastizales y cultivos; amén de promover el deterioro de la biodiversidad acuática y de los ecosistemas terrestres.

Por todos estos motivos, insistimos una vez más, urge adoptar medidas no solamente para mitigar el impacto medioambiental provocado por este último derrame, sino también y sobre todo sancionar con todo el peso de la ley a los responsables de estas nocivas prácticas, que enriquecen a unos cuantos a cambio de envenenar a generaciones enteras.

 

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