Editorial

Contrabando de licor

Detrás de este próspero negocio se articulan clanes familiares muy bien organizados.

La Razón (Edición Impresa)

01:34 / 06 de julio de 2015

Bolivia es un país con amplias fronteras y tiene a su alrededor cinco vecinos económicamente más fuertes. Esta situación lo vuelve vulnerable frente al contrabando, más allá del esfuerzo o de los recursos que se destinen para contrarrestar este ilícito negocio, especialmente cuando se trata de bienes fáciles de transportar y ampliamente cotizados, como las bebidas alcohólicas.

Por ello no sorprende que cerca del 50% de las bebidas espirituosas que se comercializan en el país ingrese de contrabando, o bien se trata de productos falsificados, según advierte el último reportaje de Informe La Razón, publicado el lunes anterior. De acuerdo con la Aduana Nacional, detrás de este próspero negocio se articulan clanes familiares muy bien organizados, con ingentes recursos y tecnología de punta, lo que les permite burlar los controles aduaneros para internar al menos 30 marcas de whisky, ron, vodka, vino y cerveza, entre otros, que son comercializadas en mercados, licorerías, tiendas, discotecas y bares a lo largo y ancho del país.

Las rutas más utilizadas para la internación ilegal de estos productos son el puesto de Desaguadero en la frontera con Perú; provenientes de Argentina a través de Yacuiba, Villazón y Bermejo; por Brasil mediante Puerto Suárez, San Matías, Guayaramerín, Puerto Aguirre y Cobija; y por Chile a través de las ciudades fronterizas de Pisiga y Charaña.

Según estimaciones de las autoridades aduaneras, estas redes criminales generan una pérdida al Estado aproximada de $us 100 millones al año, amén de constituir una seria amenaza para los negocios y las fábricas legalmente establecidas en el país, que deben competir en condiciones muy desiguales para garantizar su sustentabilidad.

Además, el contrabando dificulta el control de calidad de estos productos; descontrol que se suma a la existencia de innumerables depósitos y bares donde se divide el contenido de las bebidas alcohólicas en varios envases, que posteriormente son rellenados con agua y/o alcohol para su comercialización. Asimismo, se han allanado destilerías ilícitas que operan sin las mínimas condiciones de seguridad. No sobra recordar que las consecuencias del consumo de estos tragos adulterados van desde problemas intestinales, pasando por la pérdida parcial o definitiva de la vista, hasta la muerte.

Ahora bien, tomando en cuenta que las autoridades nacionales carecen de la capacidad para contrarrestar el contrabando de bebidas, muchas de las cuales son falsificadas, y que las autoridades locales tampoco pueden garantizar su inocuidad, no les queda otra opción a los propios parroquianos que velar por su salud.

Verificando por ejemplo que las botellas no contengan partículas ni se formen burbujas, vestigios de que han sido adulteradas, amén de revisar los sellos y la fecha de expiración.

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