Editorial

Control de la inflación

El actual problema inflacionario deviene de la economía real y no del papel moneda

La Razón / Editorial

01:30 / 21 de septiembre de 2013

El incremento sostenido de los precios es sin lugar a dudas la principal causa que erosiona la capacidad adquisitiva de la población. De allí que no haya que escatimar esfuerzos ni instrumentos (fiscales y monetarios) para combatir a la inflación. Sin embargo, las medidas de control deben ser meticulosas para que no causen daños y temores en otros sectores de la economía.

Durante las últimas semanas, los precios de algunos productos, principalmente del rubro de alimentos, se incrementaron; tal es el caso de los tubérculos, algunas hortalizas y de manera reciente la carne de pollo. Por este motivo, el índice inflacionario fue superior al 1,3% en agosto y con posibilidades de repetir la cifra en septiembre. Es decir que en dos meses se alcanzaría una inflación del 2,6%, y para finales de septiembre este indicador podría ser equivalente a la meta inflacionaria esperada para el cierre de la presente gestión: 4,8%,

Ante este panorama, para que alguna acción de control inflacionario sea efectiva, resulta fundamental determinar el origen de la escalada de precios, y a partir de ello aplicar las medidas correctivas o por lo menos de contención.

Primero, cabe recordar que durante el invierno las fuertes nevadas en el altiplano, heladas en los valles y la sequía en el Chaco mermaron la producción de algunos alimentos, lo que significó el desabastecimiento en los centros de abasto urbanos. Segundo, los temporales también afectaron a los países vecinos. Por ejemplo, en la zona fronteriza con Perú hubo una “exportación” de papa boliviana, debido a que el precio del tubérculo estaba entre 50 y 60% más con relación a los precios nacionales. Tercero, la inyección de recursos de inversión pública, sumada al flujo de remesas y al pago de los diferentes bonos, permite mayores ingresos, y en consecuencia el consumo interno también es mayor. Estos tres factores, que implican una contracción de la oferta de los productos y una mayor presión en la demanda por bienes, necesariamente confluirán en una mayor inflación, originada en el sector real de la economía.

Ahora bien, cabe señalar que las medidas asumidas por las autoridades para contrarrestar este fenómeno, como  la importación de alimentos, la reducción de aranceles de ciertos productos agrícolas y un mayor control en los mercados locales, con posibles sanciones a los especuladores, son  acertadas y eficientes, porque reconocen como causa inflacionaria la contracción de oferta de productos. Sin embargo, medidas de naturaleza financiera, como la reducción de la liquidez, que promuevan la contracción del crédito pueden ser las menos efectivas, toda vez que el problema deviene de la economía real y no del papel moneda. ¿O será que la gente se está prestando para comprar más papa, tomates y pollos? Lo cierto es que la sajta se sirve en un plato más pequeño.

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