Editorial

Control del subsidio

Una buena nutrición durante los primeros años de vida resulta esencial para el desarrollo

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 23 de julio de 2015

Es de conocimiento público que los subsidios prenatal y de lactancia han generado en la mayoría de las ciudades del país una suerte de mercado negro, manejado por una red muy bien organizada de intermediarios, mayoristas y minoristas que lucran con los bolsillos del sector formal de la economía, en desmedro de la salud de las madres y de sus hijos.

Huelga recordar que desde junio de 1987, por medio del DS 21531, se estableció la entrega de un paquete de productos alimenticios básicos que garanticen la buena nutrición de las futuras madres y la de sus hijos. El costo de estas canastas, que se calcula sobre la base de un salario mínimo nacional, recae en manos de las empresas privadas o instituciones públicas. Estos beneficios se entregan a las asalariadas en estado de gestación o a las esposas de los trabajadores desde los cinco meses de embarazo hasta el primer año de vida del bebé.

Sin embargo, de acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Seguros de Salud (Inases), cerca del 30% de las más de 45.000 madres beneficiarias termina subastando su paquete a la mitad de su costo real, y en las ciudades del occidente el número de mujeres que rematan los subsidios es mucho mayor. Por otra parte, se estima que los intermediarios revenden los productos con un costo adicional del 45% a los mayoristas, quienes a su vez los comercializan a precios de mercado en las ferias con el apoyo de minoristas, que obtienen ganancias de hasta el 300%. En total, se calcula que este mercado negro mueve aproximadamente Bs 6,6 millones al año.

Días atrás, el Inases presentó una propuesta de reglamento con el propósito de contrarrestar esta situación. Sin embargo, no se ha dado a conocer a la opinión pública la forma en la que las autoridades pretenden evitar la reventa de los productos subsidiados. Una tarea nada sencilla, dicho sea de paso, pues, por un lado, resulta imposible controlar el destino final de todos los productos. Además, como bien mencionó meses atrás el Ministro de Economía a la hora de comentar sobre la subida del precio del pan de batalla en 25% (de Bs 0,4 a 0,5) no se puede ir en contra de las (infalibles) reglas del mercado.

Y es que muchas de las beneficiarias optan por vender los subsidios porque no llegan a consumir todos los productos, o porque (en la mayoría de los casos) necesitan dinero para cubrir otras necesidades familiares además del alimento. De hecho, con la venta de una dotación mensual algunas familias logran subsistir hasta tres meses. De allí que, además de normas que penalicen este tipo de comercio y controles para hacerlas efectivas, hacen falta sobre todo medidas educativas que contribuyan a internalizar en las familias la importancia de una buena nutrición de los niños durante sus primeros años, esencial para precautelar su salud y desarrollo en el futuro. 

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