Editorial

Crecimiento prudente

Existe una mayor vulnerabilidad en la medida en que la matriz productiva no está diversificada

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:03 / 11 de abril de 2015

A pesar de su revisión a la baja de la tasa de crecimiento para América Latina, la CEPAL ha ratificado que este año el Producto Interno Bruto (PIB) boliviano tendrá un incremento mayor al 5%, cifra superior al promedio de las economías del continente: 1%. Sin duda esta nueva proyección es alentadora en un contexto de aparente contracción económica regional.

Si bien la economía nacional exhibe una aparentemente solidez ante la incertidumbre que la rodea, las autoridades económicas deberían ponerse a meditar con mayor profundidad sobre el grado de soberanía y vulnerabilidad que tiene este desempeño económico esperado ante los posibles shocks externos. En este sentido, dos preguntas resultan pertinentes; ¿hasta cuándo durará el súper ciclo económico?, y ¿qué sucederá cuando éste termine?

Cualquier ensayo de respuesta a estas interrogantes debe considerar necesariamente dos factores. Primero, según señalan la teoría y la experiencia, toda economía enfrenta ciclos de alza y baja, por lo que en algún momento del tiempo el crecimiento tendrá un punto de inflexión y se convertirá en recesión, para posteriormente retomar la senda expansiva. Segundo, existe una mayor vulnerabilidad en la medida en que la matriz productiva no está diversificada y es altamente dependiente del sector externo.

Ahora bien, en la medida en que la economía nacional tenga un alto grado de concentración en los rubros extractivos de hidrocarburos y/o de minería, que son altamente dependientes de la coyuntura externa y de los mercados internacionales; o se base en los sectores de servicios financieros y construcción, que son sensibles a los ciclos económicos, el crecimiento puede rápidamente dar un giro inesperado hacia un estancamiento o una indeseable desaceleración. En consecuencia, la tasa proyectada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) resulta altamente dependiente del sector externo, amén de las señales agoreras como la caída en el valor de las exportaciones por el efecto asociado a la disminución de precios internacionales de las materias primas, el potenciamiento del dólar estadounidense en relación a las monedas internacionales que genera presiones a la devaluación, o en último caso el temor de ciertos sectores económicos a invertir.

Algo que ha enseñado la historia económica boliviana es la necesidad de una permanente alerta sobre la posibilidad de cometer sistemáticamente el mismo error de creer que las bonanzas son eternas y que el crecimiento está asegurado. No es posible concebir la existencia de un verdadero e inflexible modelo económico que sortee tiempos difíciles, pero sí debe exaltarse un principio de prudencia en conjunción de una visión de país diversificado e industrializado, porque, de lo contrario, los tiempos futuros pueden ser difíciles, tortuosos y dolorosos. 

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