Editorial

Crisis en Ucrania

Propios y extraños bien saben que no hay nada más caro y absurdo que una guerra.

La Razón (Edición Impresa)

04:29 / 04 de marzo de 2014

El fantasma de la Guerra Fría ronda por Europa. Tropas rusas están cercando recintos militares ucranianos en Crimea, como forma de presión para que se pongan a las órdenes de las nuevas autoridades prorrusas de esa península, que buscan promover un plebiscito para independizarse. Por otra parte, EEUU y la UE han amenazado a Rusia con tomar medidas si no se repliega.

Según el Kremlin, la invasión es una suerte de amenaza para obligar al nuevo gobierno ucraniano (al que Rusia desconoce) a dar garantías a la población rusohablante de Ucrania. No obstante, otros analistas señalan que a Vladimir Putin se le ha presentado la oportunidad de recuperar un territorio que los rusos siempre han considerado suyo y no está dispuesto a dejarla escapar.

De ser cierta esta hipótesis, la intención del Presidente ruso sería la de lograr que Crimea, una región de la ex Unión Soviética que fue cedida a Ucrania en tiempos de Nikita Jruschov, se independice y luego se convierta en una especie de protectorado ruso; y este hecho sería interpretado por muchos rusos como “una devolución histórica”. Algo que sin duda contribuiría para que Vladimir Putin pase a la Historia como uno de los grandes estatistas del eximperio zarista.

Sin embargo, el riesgo de esta empresa es muy grande. Por una parte, cabe la posibilidad de que los ucranianos decidan enfrentarse a Rusia pese a su marcada  inferioridad militar, en una suerte de suicido nacionalista que dejaría un lamentable baño de sangre, con miles de muertos y heridas que permanecerían abiertas durante años. Por otra parte, Rusia se enfrentaría a una fuerte presión internacional, que podría incluir sanciones económicas y políticas. De hecho, el presidente de Estados Unidos y el representante de la OTAN han conversado con Putin sobre las medidas que podrían adoptar en caso de que Rusia decida invadir Ucrania.

Empero, el margen de acción que tiene Occidente para presionar es muy escaso, debido a la gran dependencia energética de la Unión Europea respecto de Rusia (alrededor de un tercio de la energía que necesita para sobrevivir proviene de ese país); pero tampoco Moscú puede prescindir de ese vínculo, puesto que el 24% de sus exportaciones van a parar al club comunitario. Además, en Ucrania hay grupos que independientemente de lo que piensen las autoridades de Kiev, querrán atacar los gasoductos que pasan por territorios de ese país, lo que generaría pérdidas millonarias para Gazprom.

Por lo pronto, Vladímir Putin sabe que ni Estados Unidos ni Europa querrán ir a la guerra por Ucrania. De todas maneras, el costo de una intervención militar, en términos económicos y políticos, siempre es inmenso. Queda hacer votos para que prime la cordura en este asunto, pues, propios y extraños bien saben que no hay nada más caro y absurdo que una guerra.

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