Editorial

Crisis del agua

Solo cuando los grifos se secan es que las personas toman conciencia de la amenaza.

La Razón (Edición Impresa)

02:08 / 21 de noviembre de 2016

Lo que está sucediendo en La Paz desde el inicio del racionamiento de agua potable en dos tercios de la ciudad debe ser considerado con toda propiedad una crisis. La magnitud del problema es tal que excede los ámbitos técnicos de la captación, almacenamiento y distribución del líquido elemento, y provoca alteraciones en el estado de ánimo de todas las partes involucradas.

No debería ser sorpresa para nadie que la ciudad de La Paz está amenazada por la escasez de agua, no tanto porque se supo días atrás que los ejecutivos de la empresa de agua sabían desde hace siete meses que se venía la situación que hoy se vive, sino porque desde hace una década se sabe que las fuentes de agua de la región, principalmente los glaciares, están en franco proceso de desaparición; sin embargo, solo cuando los grifos se secan es que las personas toman conciencia de la amenaza.

Por ello, no es exagerado señalar que hay una incertidumbre generalizada en la población paceña no solo por saber si mañana habrá o no agua en su vivienda, sino también por la duración del racionamiento. La Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) hizo un manejo irresponsable de la información desde hace mucho tiempo —al extremo que el Presidente afirmó no haber sido informado oportunamente de la situación—, lo cual también se evidenció con los sucesivos cambios en el cronograma de cortes que afectan a 94 barrios de la ciudad.

El fruto de ese estado de opinión, acicateado por intereses políticos que buscan vincular el desastre de EPSAS con malas decisiones del Gobierno nacional (que inadvertidamente confirma esa idea cuando es el Mandatario quien instruye destituir a las autoridades directamente responsables), puede tener importantes efectos en las actitudes de la población. La incertidumbre puede dar paso a la frustración y ésta a movilizaciones y protestas menos inocentes que la del viernes último.

Por otra parte, las manifestaciones de preocupación de las autoridades nacionales bien podrían ser acompañadas de medidas de emergencia, tales como disponer de recursos extraordinarios, que no sirven para obtener más agua, pero sí para hacer arreglos en la red de tuberías, cuyo calamitoso estado ha causado al menos tres reventazones de cañerías maestras solo el viernes, provocando un incalculable desperdicio de agua, tan escasa estos días, lo cual abona a la irritación de la sociedad.

Las medidas implementadas hasta ahora por el nuevo interventor de EPSAS y por el Gobierno Municipal son limitadas, pues por su carácter coyuntural no alcanzan a dar cuenta del problema estructural que se ha evidenciado en la actual crisis y que lleva al menos 10 años de estar agravándose. Hay, pues, muchas lecciones que aprender de esta crisis, y muy poco tiempo para hacerlo; además, y esto es lo verdaderamente importante, varias de ellas deben ser de aplicación inmediata.

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