Editorial

Crisis chipriota

Echar mano de los depósitos es una de las vías más certeras para generar desconfianza

La Razón / La Paz

02:06 / 21 de marzo de 2013

El lunes, después de meses de negociaciones, los ministros de Finanzas de la eurozona llegaron a un acuerdo con el Gobierno de Chipre, para aprobar el rescate que necesitan los bancos chipriotas. Acuerdo que sin embargo no fue ratificado por el Parlamento de la isla, pues una de las condiciones (cuestionada por propios y extraños) era gravar todos los depósitos bancarios.

Y es que el remedio puede resultar peor que la enfermedad. En efecto, echar mano de los depósitos de los pequeños ahorristas es una de las vías más certeras para generar desconfianza hacia los bancos europeos, pero también hacia las autoridades llamadas a gestionar la crisis. De hecho, en cuanto se supo del criterio antes mencionado, los bancos de Chipre se vieron obligados a cerrar para evitar la salida masiva de dinero. Dando lugar al primer corralito de la   eurozona en muchos años.

Tal determinación se debe a que la Unión Europa, encabezada por Alemania, decidió que aquellos que mantienen sus ahorros en Chipre paguen parte de la factura de la crisis financiera que atraviesa la isla. Para ello, se acordó establecer un impuesto de 6,75% sobre los depósitos de menos de 100 mil euros, y 9,99% para los más adinerados. Con ello, se esperaba recaudar parte de los $us 7.200 millones que la UE y el FMI han reclamado a Chipre a cambio de los $us 12.400 millones del rescate.

Cabe recordar que las cartas de presentación de Chipre no son precisamente las mejores. Se trata de un paraíso fiscal en plena eurozona, sin controles para evitar el lavado de dinero, aprovechado sobre todo por capitales rusos de dudosa procedencia (cerca de $us 25 mil millones de depósitos en Chipre —el 25% del total— pertenecen a ciudadanos rusos).

No obstante, pese a estas observaciones, la decisión de gravar todos los depósitos constituye una determinación no sólo injusta, sino también muy peligrosa. Y es que para dar un escarmiento moral a Chipre y a quienes blanquean dinero a través de sus bancos, las autoridades europeas han obviado dos principios básicos de la economía: que el ahorro de los ciudadanos es un pilar fundamental de la sociedad y de la democracia, y que echar mano de los depósitos debería ser la última opción, nunca la primera. Además, la medida constituye una violación del seguro de depósitos (que establece que la deuda pública avala los depósitos menores a los 100 mil euros), adoptado por las autoridades europeas en 2008, para evitar que los capitales huyan del viejo continente.

Así, independientemente de los cambios que presente el nuevo plan del Gobierno chipriota para destrabar el bloqueo en el Parlamento, el daño ya está hecho y no será fácil enmendarlo. Esto, por la desconfianza sembrada entre los ciudadanos de la eurozona (sobre todo en los países de la “periferia”) hacia los bancos y hacia sus autoridades.

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