Editorial

Crisis venezolana

Es de esperar que este proceso de pacificación se traduzca en una serie de cambios

La Razón (Edición Impresa)

04:31 / 14 de marzo de 2014

La confusa situación que vive actualmente Venezuela desde el 12 de febrero (Día de la Juventud), fecha en la que se iniciaron una serie de protestas y enfrentamientos entre opositores y sectores afines al gobierno de Maduro, se ha visto enturbiada por la información que llega fragmentada y —en muchos casos— manipulada por intereses particulares.Ciertamente, la situación económica de Venezuela no es actualmente de las mejores. Los problemas de inflación, de la indeterminación del tipo de cambio y la escasez de una serie de artículos de consumo cotidiano son evidentes. No obstante, con todo lo complicada que parece, la situación económica venezolana no es —ni de lejos— tan catastrófica como la que atraviesan los países de Grecia o España, con ratios de endeudamiento superiores al 100% de su Producto Interno Bruto (PIB) —mientras que Venezuela se sitúa en el 20%— y que se desenvuelven en un entorno económico en extremo limitado por una serie de compromisos supranacionales requeridos para sostener la vigencia del euro.

En este contexto, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha convocado a un diálogo nacional, con el propósito de  pacificar al país. Conversaciones a las que no asistió Henrique Capriles, el jefe de la oposición, pero que sí contaron con la participación de importantes sectores sociales y empresariales.Es de esperar que este proceso de pacificación —que puede no dar resultados instantáneos— se traduzca en una serie de cambios necesarios por la economía venezolana, que sean capaces de dar más credibilidad a la población, una mayor holgura a las arcas estatales, y que a la vez puedan generar un mayor nivel de certidumbre en relación al tipo de cambio.

Asimismo, es deseable que los ciudadanos venezolanos examinen todos los elementos que los condujeron a la actual situación de polarización, que no parece tener un norte. Seguramente también tendrán que discutir cómo encaminar su cultura política en el futuro. No obstante, todo esto lo deberán hacer en sus propios términos y con sus propios medios.

Independientemente de cómo se conduzca o reencamine el proceso de solución a la crisis venezolana, sostenemos que las voces autorizadas para decidir lo que sucede con el futuro de Venezuela son las voces de las y los venezolanos, y que es imprescindible que la comunidad internacional mantenga una estricta observación del principio de no intervención. En ese sentido, es saludable el espíritu y la letra de las últimas declaraciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) sobre Venezuela, que mantienen la línea de no intervención, y de expresión de solidaridad y apoyo al pueblo venezolano.

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