Editorial

Crónica de espanto

Este macabro caso ha puesto en evidencia los males estructurales de la Justicia boliviana

La Razón (Edición Impresa)

03:58 / 13 de marzo de 2014

El último reportaje de Informe La Razón, publicado el lunes, recrea con mucho detalle la historia de Jérémie Bellanger y Fannie Blancho, la pareja de turistas franceses que desapareció en agosto de 2010 en la población beniana de Guayaramerín, y que se presume fueron asesinados en medio de una agresión sexual por Jaime Martínez, hijo de un hacendado. A partir del diario de Blancho, testimonios, entrevistas, declaraciones e informes de la Policía, un periodista de este diario se sumergió en esta sórdida historia que aún sigue abierta, pues si bien el principal sospechoso fue condenado recientemente a 30 años de prisión, los cadáveres de los jóvenes aún no fueron encontrados. Además, los presuntos encubridores y colaboradores del asesino fueron absueltos, y los familiares de las víctimas, a través de su abogado, han apelado esta decisión con la esperanza de que se haga justicia.

Según relata el reportaje, esta joven pareja llegó a Bolivia el 21 de julio de 2010. Antes habían pasado cuatro meses en Argentina y otras tantas semanas en Brasil, buscando conocer in situ los paisajes y la realidad de América Latina. Les restaba conocer la amazonía y se propusieron ingresar a este indómito lugar a través del país. Fue así que, luego de visitar Potosí y Santa Cruz, arribaron hasta Guayaramerín, su último destino.

Con ellos viajaba el hijo de Blancho, entonces de tres años; su mamá tenía 23 y su pareja estaba por cumplir 25 años. De hecho, fue el 28 de agosto, día en que Bellanger celebraba un cuarto de siglo, cuando la mala fortuna quiso que se cruzaran con Jaime Martínez en una discoteca. Según los testigos, desde que la vio, Martínez se obsesionó con la joven francesa e hizo todo lo posible para llamar su atención.  

Tras una larga noche de jarana, El Negro se gana la confianza de los extranjeros y al repuntar el alba los invita a continuar la fiesta en su hacienda. De allí se les pierde el rastro, pero gracias al testimonio de un testigo clave es posible llenar algunos vacíos. Se presume que Jérémie regresa a Guayaramerín para comprar cervezas y asegurarse de que el hijo de su pareja esté bien. De vuelta a la hacienda llega justo cuando Martínez estaba ultrajando a su enamorada, discute con el agresor, quien le dispara en el pecho dos tiros, luego éste regresa a consumar la violación y de paso acaba con la vida de Blancho. Minutos más tarde, varios hombres y una mujer cargan los cuerpos en una camioneta y parten a un destino que hasta ahora se desconoce.

Este macabro caso, que ha sido parcialmente resuelto gracias a la perseverancia de los padres (quienes desde un principio contaron con el apoyo de su Embajada y del Estado francés), ha puesto en evidencia los males estructurales de los que adolece la Justicia boliviana, que lamentablemente funciona solamente para quienes tienen la influencia y los recursos necesarios para hacer mover sus corroídos y oxidados engranajes.

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