Editorial

Cuestionada restricción

Si bien la intención de esta medida es positiva, en los hechos puede resultar contraproducente.

La Razón (Edición Impresa)

01:28 / 19 de agosto de 2016

Con motivo de la Semana de la Lactancia Materna, autoridades del Ministerio de Salud anunciaron que está en proceso de elaboración una norma que, entre otras medidas, prevé restringir la venta de leche de fórmula para lactantes, con el fin de fomentar la lactancia materna. Si bien la intención de esta medida es positiva, en los hechos puede resultar contraproducente.

En efecto, esta determinación —que busca prohibir la venta de sucedáneos de la leche materna en tiendas y supermercados, de tal manera que estos productos se comercialicen únicamente en farmacias bajo prescripción médica— olvida, por un lado, que la mayoría de las madres bolivianas están conscientes de los beneficios que conlleva su leche para la salud y el desarrollo de sus hijos. Prueba de ello es que la tasa de lactancia materna exclusiva del país (64%) se encuentra entre las tres más altas de la región. Y por otro, que aquellas mujeres que no dan de lactar a sus bebés por lo general no lo hacen por comodidad o desidia, sino porque no generan la leche necesaria o carecen de condiciones en sus fuentes laborales para hacerlo, y la restricción de marras no va a cambiar esta situación.

Al respecto no sobra recordar que, por diferentes razones, no todas las mujeres producen leche materna o lo hacen en cantidades insuficientes para alimentar a sus hijos, de allí que se vean obligadas a complementar o sustituir su alimentación con leche de fórmula. Además, se sabe que las instituciones privadas y públicas del país no otorgan las condiciones necesarias para que las madres den de lactar. Por caso, un reciente informe de la Dirección de Promoción de la Salud señala que únicamente el 1% de las entidades públicas cuenta con una sala acondicionada para la lactancia materna. Y si bien no existen datos para el sector privado, previsiblemente la situación es la misma.

A ello se suma una cultura poco tolerante respecto a esta práctica en el país, que se traduce en comentarios y actitudes de reproche (tanto de mujeres como de varones) cuando una mujer le da el pecho a su hijo en lugares públicos o en sus propias fuentes laborales. Lo que condiciona y repercute negativamente en la lactancia materna, ya que muchas madres terminan cediendo a la presión social.

De allí que si se desea incrementar el número de madres que amamantan a sus bebés, antes que restringir la venta de sucedáneos a la leche materna se deberían implementar políticas para solucionar las limitaciones antes señaladas. Además, una norma en tal sentido únicamente complicaría la vida de las madres que no pueden dar de lactar, amén de encarecer estos productos, ya que, como manda la ley del mercado, mayores restricciones en la oferta se traducen en mayores precios. De allí que a ningún país del mundo se le haya ocurrido implementar restricciones de este tipo para fomentar la lactancia materna.

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