Editorial

Cuidado del agua

El 70% del agua dulce que se gasta en el mundo se destina a la producción de alimentos.

La Razón (Edición Impresa)

01:33 / 22 de marzo de 2017

Hoy se celebra el Día Mundial del Agua, conmemoración que se remonta a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992 en Río de Janeiro, en la que se propuso declarar una fecha dedicada a este asunto para recordar cada año su importancia, así como las amenazas crecientes que se ciernen sobre este vital elemento en el planeta.

Para nadie es desconocido que el agua dulce es un bien esencial cada vez más escaso, en parte por el incremento exponencial de la población en el planeta (que ya ha superado los 7.000 millones de habitantes y se prevé superará los 10.000 millones en 2050), pero también porque un mayor desarrollo se traduce en un mayor consumo de agua en las sociedades.

Por tanto, si se toma en cuenta que, según la OPS, actualmente 900 millones de personas no tienen acceso a la cantidad mínima del líquido elemento necesaria para la subsistencia (entre 20 y 50 litros al día); que los habitantes del planeta ya se han adueñado del 54% del agua dulce disponible en ríos, lagos y acuíferos subterráneos; y que en 2025 dos tercios de la población vivirán en condiciones de disponibilidad limitada de agua potable; lo mínimo que uno puede preguntarse, a nivel personal y gubernamental, es cómo optimizar su empleo.

Para responder esta pregunta, una evaluación de la Unesco ha identificado dónde se encuentra el mayor derroche. Según este estudio, el 70% del agua dulce que se gasta a escala mundial se destina a la producción de alimentos, el 22% a la industria y el 8% restante, para el consumo humano. Cálculos aún más concretos estiman que hacen falta entre 1.000 y 3.000 litros de agua dulce para producir un kilo de arroz y 7.000 para un filete de ternera. De allí que la ONU haya decidido alentar en este día la optimización de la producción y el consumo de alimentos, sobre todo porque a causa del cambio climático se esperan sequías más frecuentes e inundaciones más intensas que pueden mermar los cultivos.

En este sentido, la FAO recomienda comenzar a cambiar cuanto antes los hábitos alimenticios de la población por una “dieta saludable, con menos alimentos cuya producción requiera mucha agua (como la carne)”. Asimismo, llama a la reducción del desperdicio de comida (el 30% no llega a ser consumida a escala mundial) y aboga por una agricultura sostenible “de mejor calidad y con menos agua”.

Por último, cabe resaltar la importancia de desarrollar e implementar acciones concretas, desde organizaciones civiles y gubernamentales, para preservar el capital natural de nuestras áreas forestales y humedales. Y es que de poco o nada van a servir las buenas costumbres alimenticias si las fuentes que permiten la limpieza y conservación del agua (acuíferos, lagunas, glaciares y bosques, principalmente) no son manejadas y protegidas de forma adecuada.

 

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