Editorial

Cumbre Iberoamericana

Ahora son relaciones entre un Sur emergente, que no deja de crecer, y un Norte en crisis

La Razón / La Paz

00:36 / 20 de noviembre de 2012

Hace cinco años, en la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado de Santiago de Chile, un impaciente rey Juan Carlos I mandaba callar al Presidente de Venezuela. Cuán diferente al cansado monarca de la semana pasada, en la mermada Cumbre de Cádiz, quien con ansiedad parecía pedir a los mandatarios latinoamericanos que, por favor, hablen con su España en crisis.

Noviembre de 2007. “¿Por qué no te callas?”, le espetó el Rey de España al Presidente venezolano en plena sesión de la Cumbre. Chávez había estado interrumpiendo el discurso del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando éste defendía a su predecesor, José María Aznar, acusado de haber participado en el fallido golpe de Estado en Venezuela en 2002. El incidente marcó no sólo el evento, sino diferentes desencuentros en las siguientes semanas.

La célebre frase no fue el único acto de intolerancia de Juan Carlos I en aquella ocasión. Poco después salió del recinto cuando el Presidente de Nicaragua hacía uso de la palabra. No le gustó que Daniel Ortega denunciara el modo fraudulento en el que se había privatizado en su país la distribución eléctrica a favor de una empresa española. Y el Rey tampoco se hizo presente junto a la anfitriona, Michelle Bachelet, en tanto se interpretaba, en la clausura, el Himno Nacional de Chile.

Noviembre de 2012. En poco tiempo, el tono de las relaciones entre España (la Unión Europea en general) y América Latina ha cambiado mucho. Ya no es el tono de relaciones impuestas por una arrogante metrópoli que sólo ve excolonias a las que puede mandar o, al menos, enseñar. Ahora son relaciones entre iguales. O mejor: entre un Sur emergente, que no deja de crecer, y un Norte en crisis, agobiado por la recesión y sus austeridades, que debiera aprender. Ese cambio, más allá del  afable activismo del Rey, se vio claramente en la Cumbre de Cádiz, cuyo lema fue “una relación renovada”.

En efecto. La crisis económica en general, pero en especial la situación de la Eurozona, marcó la agenda de debates en la reciente Cumbre. Y en ese marco se destacó claramente el importante papel que puede tener América Latina. No es casual que varios mandatarios de la región hayan criticado la política de ajustes asumida como credo en Europa. “La austeridad tiene sus límites”, les dijo por ejemplo la presidenta Dilma Rousseff, a tiempo de destacar el crecimiento económico con vigor democrático e inclusión social en Latinoamérica.

Para Bolivia, en tanto, el encuentro de jefes de Estado en Cádiz tuvo un carácter especial. Primero porque se logró el respaldo iberoamericano al masticado de la hoja de coca como manifestación cultural que debe respetarse en la comunidad internacional. Y también porque fue un nuevo escenario multilateral utilizado por el presidente Evo Morales para insistir en la demanda marítima boliviana.

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